El perro mochilero

Fueron 21 meses de recorrido, que comenzaron en Málaga, España y concluyeron en Phuket, Tailandia. Fueron 21 meses de recorrido, que comenzaron en Málaga, España y concluyeron en Phuket, Tailandia. Foto: Lauranne y Javier

Hace más de tres años, dos jóvenes españoles salieron de Málaga junto a su golden retriever para recorrer el mundo. Hoy, después de finalizar su viaje, son un claro ejemplo de que, si se quiere, no hay excusa para dejar a una mascota por fuera de un sueño. Aquí, su testimonio.

Somos Lauranne y Javier, los dueños de Meko, el perro mochilero. Desde cuando nos conocimos, habíamos querido viajar y descubrir el mundo. Soñábamos con atravesar junglas y desiertos, las montañas del Himalaya y las playas del sudeste Asiático; pero, hasta ese momento, tan solo nos habíamos atrevido a explorar junto a nuestra mascota los alrededores de la que, por entonces, era nuestra ciudad: Málaga, en España.

Un buen día nos armamos de valor y decidimos romper con la rutina, dejarlo todo y empezar a viajar por el mundo. Aunque queríamos llegar a Asia, lo más importante para nosotros no era el destino, sino viajar con nuestro perro.

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Al empezar con los preparativos, nos topamos con lo complicado y costoso que es viajar en avión con un perro tan grande. Como Meko tenía siete años y pesaba cerca de 40 kilos, todas las compañías aéreas nos negaban su acceso a cabina, lo que significaba que él tendría que viajar constantemente en la bodega de un avión de carga. Además del papeleo y del precio de su tiquete que era cinco veces más caro que el nuestro, tendríamos que dejarlo solo y encerrado en una caja durante muchas horas. Estábamos lejos del viaje divertido que nos habíamos imaginado.


Lago de Naran, Karakorum, Pakistán. Foto: Lauranne, Javier y Meko.

Buscamos una alternativa para llegar hasta Asia desde España: ir en coche. Con lo que costaba el billete de avión podíamos recorrer miles de kilómetros en auto y vivir cientos de experiencias. Llevar, además, muchas más cosas para nosotros y para Meko, como su cama, sus juguetes, una tienda de campaña, un dispensador de agua y un bozal. Al fin y al cabo, nos proponíamos encontrar un lugar del mundo que nos gustara para vivir. Este viaje era realmente una mudanza para nosotros.

Desde cuando Meko llegó a la vida de los dos, adaptamos nuestras actividades para que él pudiera participar; por eso ya estaba acostumbrado a subirse en el coche y a salir a explorar lugares nuevos. Lo adiestramos desde pequeño y, después de tantos años juntos, ya conocíamos cómo reaccionaba en cualquier situación. Era como tener a un niño pequeño pero muy obediente, pues siempre fue sociable con las personas y jamás contestaba a ladridos. La bondad y la paciencia de Meko lo hacían el perro ideal para viajar.

Tras investigar un poco, vimos que la idea era viable. Teníamos que tomar la antigua Ruta de la Seda y avanzar un poco más. Eso suponía visitar bastantes países, lo que nos generó cuatro grandes preocupaciones: la documentación, el alojamiento, los veterinarios y la comida. Incógnitas a las que no les pudimos encontrar respuesta en la red ni consultando a las distintas embajadas.

En lugar de rendirnos o desanimarnos, vimos la situación como la oportunidad de “allanar el camino” para los próximos viajeros que quisieran incluir a sus perros en sus aventuras y decidimos crear Perromochilero.com, un blog de viajes en el que contamos todas nuestras aventuras junto a Meko.

Así pues, el 15 de abril de 2014 nos lanzamos a la carretera sin saber qué tipo de papeles nos pedirían en la próxima frontera. Tan solo llevábamos el pasaporte de mascotas europeo con todas sus vacunas al día, un certificado veterinario de buena salud y el microchip de Meko.

Empezamos a coleccionar sellos en nuestros pasaportes y en los cruces entre países a nadie parecía importarle que lleváramos un perro con nosotros. Increíblemente, nunca nos pidieron ningún tipo de documentación o pruebas de vacunación de nuestra mascota.  

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Durante el viaje, el asunto del alojamiento lo solucionamos, en gran medida, gracias a plataformas de hospedaje colaborativo como Couchsurfing.com. Gente de todo el mundo nos recibió en su casa con los brazos abiertos y a Meko también. En otras ocasiones, acampábamos a las afueras de las ciudades y disfrutábamos de la naturaleza. Y finalmente, cuando no teníamos más remedio, parábamos en algún hotel que no nos pusiera mucho problema por entrar con nuestro perro.  


Meko en su paso por el sudeste asiático. Foto: Lauranne y Javier.

Antes de salir de casa nos preocupaba saber si encontraríamos comida canina en todas las ciudades o pueblos. Para nuestra sorpresa, hallamos sacos de concentrado, veterinarios y tiendas de mascotas en cada uno de los países de nuestra ruta. Además, como Meko caía tan simpático a la gente, completaba su menú diario con un montón de regalos y golosinas.

Pasaron los meses y recorrimos Europa, Turquía, Irán, Pakistán, India, Nepal y Birmania. Al llegar a Tailandia, decidimos establecernos. Nos quedamos a vivir aquí y cerramos el círculo casándonos en la playa, una vez más junto a nuestro perro. Nos instalamos en Phuket, en donde Meko disfrutó de una jubilación bien merecida, se hizo amigo de los perros callejeros de la zona y, junto a ellos, compartió su comida, jugó y se bañó en la playa: su lugar favorito.


Foto: Lauranne, Javier y Meko.

Desafortunadamente, la vida de nuestros amigos peludos es bastante más corta que la nuestra y en la primavera de este año, nuestro compañero de cuatro patas nos dijo adiós. Desde entonces, todo nuestro cariño lo repartimos ayudando a los amigos callejeros de Meko, como una manera de agradecerle por habernos permitido disfrutar de inolvidables aventuras alrededor del mundo y con la mejor compañía: la suya.


Lauranne es francesa, tiene 24 años y es licenciada en Idiomas y Hostelería. Javier es español, tiene 28 años y siempre ha sido un explorador. Meko tenía siete años cuando sus amos decidieron embarcarlo en esta gran aventura. Foto: Lauranne, Meko y Javier.

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