¿Un vasito de leche?

Aunque el instinto nos diga que esta bebida es la mejor opción alimenticia para un gatito, la leche de vaca es completamente distinta a la que reciben de su madre. Te explicamos por qué.

Muchos mitos se han tejido en torno a nuestras mascotas gracias al cine y a la televisión: la enemistad innata entre perros y gatos, el gusto del ratón por el queso y, cómo no, la idea de que los mininos deben beber leche para nutrirse mejor. Esta última, más allá de ser tomada como un asunto divertido, debe tratarse con precaución y responsabilidad para evitarles a nuestras mascotas un problema de salud.

Ten en cuenta estos puntos antes de poner el líquido blanco en su tazón.

Todo es culpa de una enzima

Aunque la leche de vaca es considerada un alimento fundamental dentro de la dieta balanceada de un ser humano, en el caso de los gatos la situación es a otro precio. Esta bebida contiene un tipo de azúcar denominado lactosa que los mininos no pueden digerir, ya que carecen de la enzima que permite su procesamiento, excepto durante la etapa más temprana de su crecimiento, cuando son amamantados. Luego de estos primeros días, su sistema digestivo la rechazará.

Exclusiva de los primeros meses

Cuando los gatitos nacen, necesitan de mucha atención. Esta, por lo general, es brindada por su madre, quien se dedica especialmente a amamantarlos. Según Javier Rivas, médico veterinario de la Clínica de la Universidad de la Salle, “los cachorros adquieren la mayor cantidad de defensas a través del calostro. Por eso se hace indispensable que los primeros días de nacidos sean lactados directamente por su madre. A esa edad, tienen la lactasa que es la enzima que les permite asimilar la leche”.

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¿Y si es deslactosada?

Aunque el mercado ofrece leches de vaca libres de lactosa —una opción muy bien recibida por las personas que no toleran esta sustancia—, para los gatos no aplica del mismo modo. Según el doctor Rivas, en teoría el proceso al que es sometida la leche deslactosada debería facilitar la tolerancia de los felinos pero, debido a que cada paciente es un mundo distinto y a que por regla general su sistema digestivo no está preparado, no es aconsejable suministrarla. La ingesta de leche, sea cual sea, puede generarles problemas como diarrea acompañada de vómitos en los casos más severos.

“Mi gato sí recibe leche”

A pesar de las advertencias, existen dueños de mascotas que aseguran brindar leche a sus felinos sin notar mayores implicaciones en su salud. Esto puede tener una explicación que se remonta a los primeros meses de vida del animal y al hecho de que todavía persista la lactasa en sus organismos. Esta enzima, presente al principio de la vida de los gatos para ayudarles a adquirir defensas y nutrientes, tiende a desaparecer conforme el minino crece, pero en algunos casos puede resistir dentro del organismo, lo que le permite asimilar en cierto grado la leche de vaca. No obstante, el doctor Rivas advierte que estos son casos excepcionales y que no hay certeza de que un gato empiece a asimilarla luego de dejar de lactar.

Sustitutos no tan efectivos

En los primeros días de nacidos, los mininos reciben los insumos que les permiten desarrollar su sistema inmune. Por eso, en el caso de adoptar felinos abandonados, se recomienda encontrarles una madre sustituta o suministrarles suero a base de la sangre de otros gatos con anticuerpos. Aunque es válido brindarles lacto-reemplazadores, estos no contienen las defensas que el animal va a necesitar, y es válido mencionarlo porque algunas personas, en su buena fe y por desconocimiento, podrían suministrarles leche regular durante sus primeros días de vida y causarles un gran perjuicio.

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