Héroes en miniatura

Los cachorros de la Policía Nacional colombiana pronto dejarán de ser unos tiernos bebés. Serán entrenados para velar por la seguridad del país y enfrentarse a más de una peligrosa misión.

En unos meses, Lana, Lord, Lassie, Leila, Lucky, Lola y hasta Lincoln, abandonarán el dulce hogar en donde nacieron, y en el que deben permanecer durante sus primeras 32 semanas de vida, para enfrentarse a este perro mundo. Su papel en el planeta, sin embargo, será el de héroes: se entrenarán como policías literalmente de carne y hueso, y se convertirán en agentes caninos responsables de ayudar a atrapar villanos, rescatar heridos y detener cualquier tipo de tráfico ilegal.

Pero antes, deben aprender a caminar.

Foto: Clara moreno

Foto: Clara Moreno.

En general, los cachorros de la Policía Nacional son bautizados cuando cumplen tres meses de edad con nombres que comienzan por la letra del año; en este caso, la ‘L’. Sus madres, una vez terminaron el periodo de gestación, fueron llevadas a pequeños cuartos con lámparas de calor para que pudieran dar a luz con comodidad, bajo el cuidado permanente de los veterinarios. En este lugar, los recién nacidos, hijos de machos y hembras con las mejores características fenotípicas y genotípicas, tienen su primer encuentro con la realidad.

Además de alimentarse de leche materna y de recibir las primeras vacunas, los pequeños, aún con los ojos entrecerrados por su corta edad, reciben estimulación neurológica temprana una vez al día. Estos ejercicios, que consisten en mantenerles la cabeza erguida, posicionarlos hacia abajo mirando al piso o en exponerlos a fuentes térmicas, les ayudarán a tener mejores capacidades: mayor tolerancia al estrés, resistencia a las enfermedades, un avanzado desarrollo cardiovascular y latidos más fuertes.

La mayoría de los bebés en la Policía son labradores, pastores alemanes y pastores belgas malinois. Esta última es la raza insignia de la institución debido a su fortaleza y rendimiento, pero especialmente gracias al amor que sienten estos ejemplares por la pelota, una característica que facilitará todo su proceso de entrenamiento pues el juguete se convertirá en su máxima motivación para obedecer.

Después de 45 días —como máximo 60—, tiempo en el que la madre se ha dedicado a la lactancia y a recuperarse del arduo proceso de parto, los cachorros salen por primera vez a la luz del día y empiezan a disfrutar la vida. Atraviesan túneles, juegan en la piscina de botellas de plástico, suben y bajan obstáculos, y muerden todo lo que encuentran a su paso. Durante esta etapa, sus tutores se cuidan de no sobreprotegerlos y de no regañarlos, pues la idea es que crezcan sin temores y con mucha seguridad en sí mismos.

“Mientras están aquí, realizamos algo que se llama imprinting, es decir, les presentamos el mundo que les rodea”, explica la teniente Erika de la Pava, médica veterinaria del criadero canino. “Primero hacemos asociación de sonidos y los ponemos a escuchar ruidos de carros, aviones, disparos y terminales de buses. Luego, se sacan y se llevan a sitios reales como plazas de mercado llenas de gente o parqueaderos oscuros, para que cuando crezcan no les tengan miedo a este tipo de espacios. La idea es desarrollar perros de un temperamento estable y fuerte”, continúa.

Mientras alcanzan los ocho o diez meses, los cachorros viven en jaulas separadas y en grupos pequeños, pero salen varias veces al día a jugar. La razón por la que no pueden permanecer sueltos en el mismo espacio es porque desde pequeños empiezan a generar dominancias y los más fuertes tienden a herir a los más débiles, aún sin querer o solo como un juego.

Algunos, evidentemente, son más amigables, juguetones, bravos o indiferentes que otros. Cada uno tiene su temperamento, y son precisamente estas cualidades las que empiezan a perfilarlos para una de las tantas especialidades caninas de la Policía. Como sucede con los jóvenes a punto de graduarse, los cachorros, cuando ya no lo sean tanto, ‘elegirán’ qué quieren estudiar.

Cachorros al tablero

La Escuela de Guías Caninos es la división de la institución encargada de formar a los guías o seres humanos policías que recibirán un can, lo mismo que a los instructores o profesionales que los entrenarán y, por supuesto, a los perros que pronto serán reclutados para el servicio. Los estudiantes de cuatro patas llegan de unos diez meses y salen cuando cumplen alrededor de un año y medio de edad.

Foto: Clara Moreno

Foto: Clara Moreno.

En Colombia existen 11 especialidades caninas y cada perro es seleccionado para una sola de ellas; aunque en algunas ocasiones, según sus habilidades, son considerados animales multipropósito. El 80 por ciento son entrenados como agentes antinarcóticos o antiexplosivos debido a la demanda nacional para combatir estos dos delitos, y durante un periodo de unos seis meses aprenden a reconocer las diferentes sustancias.

Según el intendente Orlando Moreno Silva, instructor y guía de la escuela, “estas sustancias no afectan el sistema nervioso de los perros, como sí lo hacen con los seres humanos. De todas formas, ellos nunca tienen contacto directo con los explosivos o los narcóticos, y mucho menos hay absorción de los mismos. Simplemente se les enseña a identificar las partículas de olor y a alejarse de los químicos mediante una señal pasiva de sentado”.

Otros perros son entrenados para detectar el tráfico ilegal de especies silvestres —generalmente en vía de extinción—, el contrabando de tabaco y alcohol, o el de papel moneda. Algunos se especializan en la búsqueda y rescate de personas en estructuras colapsadas, en el reconocimiento de restos óseos para encontrar desaparecidos y fosas comunes, o en la detección de hidrocarburos cuando se presentan fugas ilegales en las tuberías de petróleo o de sus derivados.

Otras especializaciones más amables son la terapia asistida con niños o personas en condición de discapacidad, y la escuadra de relaciones públicas, es decir, la estrategia que usa la institución para acercarse a la comunidad en sus visitas a otras ciudades o en los diferentes actos protocolarios. Aquí, por obvias razones, los labradores y los golden retriever son los protagonistas del equipo.

Un último grupo es el de los canes de defensa controlada, o sea los policías de a pie encargados de inmovilizar ladrones o delincuentes atrapados en el acto. Para enseñarles a diferenciar al enemigo, los perros aprenden a embestir únicamente al escuchar el comando ‘attack’ en la voz de sus guías y practican con actores profesionales vestidos en trajes especiales para resistir las mordeduras. Estos animales desarrollan altos niveles de obediencia y aprenden a no despegarse de sus dueños, a menos que les den la orden de hacerlo.

“Todo empieza como un juego para el perro, luego se convierte en una pelea entre el ladrón y él. El animal debe entender que si muerde fuerte, gana, pero si muerde débil, puede morir”, explica el patrullero Camacho, guía de un hermoso pastor belga que nunca se aleja más de un metro de él.

Según el intendente Moreno, el entrenamiento antiguo era muy diferente al actual. Hoy, los entrenadores, muchos de los cuales se han formado en Rusia, Estados Unidos o Argentina, aplican métodos en positivo basados en el buen trato y en el respeto por el animal, tal como lo exige la ley. “Ya no se castiga al perro —dice—. Si hay contacto entre el instructor y el can es para reforzar lo bueno a través de una caricia. Eso hace que el perro trabaje con más alegría”.

A estas alturas, los que hasta hace unos meses eran tiernos cachorros ya están listos para ser asignados a una tarea en especial. Esta será su vida durante los próximos siete u ocho años, hasta que cumplan la edad de jubilación y puedan disfrutar del resto de sus vidas descansando y en mucha tranquilidad. La Policía Nacional cuenta también con un geriátrico: un lugar especial para los perros sénior retirados en el que, ahora sí, podrán disfrutar de todos los consentimientos y los mimos que recibe una mascota normal. Eso sí, con la satisfacción de la misión cumplida y de una vida bien vivida.

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