Carmen llegó cuando Marianela no tenía motivos para sonreír

Marianela González, actriz y modelo venezolana, vive en Colombia desde hace seis años. Hace un par de meses conoció a Carmen, una gatita de raza única, y desde entonces solo ha habido amor puro entre ambas.

Carmen está embobada con la televisión para gatos. Sentada frente a la pantalla del computador, mueve su cabeza para no perder de vista a los pájaros que revolotean frente a sus ojos. Seguramente solo ve el azul, el verde y el amarillo. El resto debe ser blanco, negro y gris. Pero le gusta el movimiento, y con ganas de jugar se lanza detrás del monitor para buscar esas aves. Marianela, su dueña, se ríe. “No, chiqui, ahí no hay nada”, le dice. Entonces le muestra a Fidel, un muñequito verde de tela con el que no puede resistir la tentación de atraparlo. Él y Paquito, otro muñequito de color café, son los juguetes favoritos de esta traviesa gatita.

Solo tiene cinco meses, y aunque con Marianela apenas lleva tres, ha sido suficiente para que la gente cercana diga que se parecen, no solo físicamente, sino también en su personalidad. “Somos muy perezosas, podemos pasarnos todo el día echadas en la cama. Pero también tenemos picos de alegría, como horas locas de hiperactividad cuando estamos cansadas”, cuenta esta actriz recordada por papeles en telenovelas venezolanas como Mi gorda bella, Por todo lo alto y Ser bonita no basta; y en producciones colombianas como Dulce amor y La Traicionera, en las que fue protagonista. A estas actuaciones muy bien recibidas por el público, se suma su reciente participación en la serie Hilos de sangre azul.

“Dicen que los gatos no son tan cariñosos”, asegura Marianela mientras juega con su mascota. “Pero tienen que verla a ella a las 5:00 a.m. cuando se sube a mi cama, me ronronea y se me pone de bufanda”. Lo comprueba al mostrar una foto que tiene en la sala de su casa. En ella aparecen las dos acostadas y la gata, dormida –por supuesto–, está enrollada en el cuello de su dueña. Aunque dice que en Colombia la han recibido muy bien y se le han abierto muchas puertas, extraña mucho a su país y a sus seres queridos que aún viven allá.

Te puede interesar: Lo que aprendí de los gatos, no me lo enseñaron en el colegio

 Por fortuna, Carmen le ha hecho más fácil sobrellevar la distancia y el clima de Bogotá al que todavía no se acostumbra. Como le teme a la soledad, cuenta que no hay nada mejor que llegar a la casa y ser recibida por su tierna gatita con la cola levantada.

Antes, con su expareja, tuvo un gato. Sin embargo, debido a la terminación de la relación y la separación de bienes, Marianela no tuvo otra opción que dejarlo ir. Hoy todavía agacha la cabeza con tristeza cuando recuerda esa difícil decisión. Pero luego toma a Carmen entre sus brazos y la abraza fuerte. “Ella es mía y solo mía. Es como mi hija: irá conmigo a donde sea y estaremos juntas hasta el final”, afirma la actriz. Entonces la gata se escabulle por el hombro de su dueña y salta.

Camina con esa elegancia felina hasta el plato de comida y desde allá, masticando el concentrado, mira alrededor con sus enormes ojos. Aunque es curiosa y arriesgada, apenas está aprendiendo a relacionarse con extraños. Pero, como dice Marianela, es cuestión de costumbre.

Mira también: ¿Por qué los gatos no beben tanta agua y prefieren tomarla del grifo?

Las buenas casualidades

Carmen comparte su nombre con el de la mamá de Marianela, quien murió el año pasado. Fue un golpe muy duro para la actriz, por lo que el 23 de julio, el primer cumpleaños sin su madre, tenía ganas de todo menos de festejar. Es cierto que tenía razones para estar feliz, empezaba un nuevo proyecto de televisión y le habían propuesto participar en una obra de teatro, pero el vacío que tenía por la ausencia le impedía celebrar. Entonces, alguien que sabía su amor por los animales, le regaló una gata bebé diminuta y despeinada. Fue imposible resistirse ante semejante ternura, y en ese momento, según recuerda Marianela, “los motivos que no tenía para sonreír llegaron con Carmen”. 

No es la primera casualidad que aparece para cambiarle su vida. Aunque Marianela nunca contempló el modelaje como carrera, en una ocasión un amigo le pidió hacer unas fotos. Como el fotógrafo también era amigo de un exnovio, ella aceptó sin dudar con la esperanza de verlo de nuevo. Pero la estrategia para reencontrarse con un viejo amor resultó en algo diferente. Esas fotos terminaron en manos de una agencia de modelaje que la contrató de inmediato, y las propuestas de varias marcas aparecieron. Luego vino la oportunidad de irse a modelar a Japón por tres meses y aceptó. Se fue sola y muy joven – aún no se había graduado del colegio– a un país con una cultura completamente diferente. “Fue una experiencia difícil, pero regresé más madura y consciente de mis responsabilidades”, confiesa.

Luego cayó en el casting de la serie La calle de los sueños sin estarlo buscando. Obtuvo el papel protagónico y empezó su carrera actoral en televisión que, a diferencia del modelaje, no se ha detenido. A principios de este año le propusieron hacer teatro y aceptó participar de la obra Amanecí como con ganas de morirme. Un gran reto para Marianela porque, aunque no lo parezca, sufre de pánico escénico. Explica que en televisión es más fácil porque el actor se conecta con sus compañeros y se le olvida que a través de esa cámara lo están viendo miles de personas; no obstante, pararse en un escenario, interpretar un personaje –sea grande o chiquito– y con un montón de gente al frente, todavía le produce náuseas y ganas de llorar. “Hoy puedo decir que atreverme a vencer ese miedo es el logro más grande de mi carrera”, dice Marianela.

Te recomendamos: Las razones del por qué los gatos te acompañan hasta en el baño

Amor incondicional

Cuando Carmen se porta mal, Marianela la regaña en venezolano. ¿Cómo es eso? Ni si quiera ella misma lo sabe explicar. Solo uno de sus compatriotas podría entenderlo. Además, claro, de la gata. La conexión entre ambas es grande, y Carmen sabe perfectamente que, cuando su dueña le habla fuerte, es mejor dejar lo que está haciendo e irse a esconder.

Y es que el apodo de Terremoto no se lo ha ganado porque sí. En estos pocos meses se ha comido todos los cables de celular y las matas de la casa. Pero no hay que preocuparse por eso. Marianela ya tiene experiencia con animales (además del gato anterior, en su infancia tuvo un bóxer y, recién llegada a Colombia, un bulldog inglés) y sabe perfectamente que, al igual que los niños, estos chiquitos también rayan las paredes y rompen cosas. Aun así, aclara que nada de eso impedirá que siga viendo a su amada Carmen como una hija de la que siempre se sentirá orgullosa.

Los proyectos han aumentado para la actriz. Sigue apostándole al teatro y ahora participa en El amor de las luciérnagas, una obra escrita y dirigida por el mexicano Alejandro Ricaño que se presenta en el Teatro Nacional. Además, está trabajando en una nueva producción de Sony Pictures Television de la que no puede decir mucho, salvo que es sobre la vida de Hugo Chávez.

Aunque las ocupaciones son muchas, estas no le quitan tiempo para estar con su gata y jugar con ella, bañarla, alimentarla, limpiarle la arena, cepillarla... Dice que muchas personas tienen miedo de tener una mascota porque piensan que dañan sus estilos de vida. Pero está convencida de que un animal siempre cambiará todo para bien. En su caso, es la mujer más feliz del mundo con su hija y lo demuestra al mirarla con los ojos llenos de amor. En ese instante Carmen está mordiendo a Fidel debajo del escritorio. Hay unos segundos de silencio y luego Marianela agrega con toda la sinceridad, “solo espero que me dure muchísimos años”.

No dejes de ver: Las ventajas de tener un gato "criollo" para tu vida

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.