Akira es una gata de raza persa. Tiene ocho años y los principales cuidados de su salud radican en una alimentación adecuada. Akira es una gata de raza persa. Tiene ocho años y los principales cuidados de su salud radican en una alimentación adecuada. Foto: 4Patas.com.co

Viña Machado: todo por Akira

Primero se refiere a Akira como una compañera, aclara que la gata no es su hija, ni ella es su mamá. Pero tan solo tras unos cuantos minutos de conversación acerca de esta persa de color naranja su opinión cambia, y revela entre risas que con ella ha desarrollado cierto instinto maternal.

Ya son ocho los años que ambas llevan juntas, lo suficiente como para afianzar un vínculo tan fuerte como el que la modelo ha desarrollado con familiares y amigos. De hecho, la personalidad de Akira resulta ser una excepción al carácter taciturno, que hace de los gatos todo menos una especie sociable. Según su dueña, se debe a las frecuentes reuniones que ella organiza en su casa, actividades que se convirtieron en una rutina para la gata desde temprana edad.

Llegó a su vida como un regalo de quien entonces era su novio. Cuando la relación llegó a su fin, Viña tenía claro que la custodia no sería compartida y tras varias mudanzas y otros cambios ambas permanecen juntas. “Es una gran compañía, cuando mi mamá supo que yo tenía una gata dijo: ¡Te vas a quedar solterona!”, bromea la actriz samaria.

No cesan las similitudes que Viña hace entre ella misma y su mascota. Por ejemplo, cuando afirma que, al igual que ella, Akira es bastante ‘noviera’: “Quería sacarle cría, le busqué varios novios”. Lamentablemente, no logró su cometido. “No se pudo, ni trayendo al gato, ni llevándola a ella; siempre fue muy romántica, le encantaba que los gatos le dieran besos pero nada más. Es virgen la pobrecita”, finaliza con su característico humor, antes de contar que hace cuatro años la esterilizó para evitar las molestias del celo.

A pesar de ser una dueña primeriza de un felino doméstico, ella no se arrepiente de compartir su vida con Akira. Si bien resultó difícil que dejara en paz a sus matas, lo logró a punta de disparos de agua mezclada con vinagre y retos de miradas, para demostrarle quién está a cargo de la casa. “Uno no quiere pegarle al animal, porque el animal es uno” –concluye con respecto al tema de los regaños– “hay una mata que le sigue gustando; pero de 20, que solo haya una está bien”.

Puede que logre sostenerle la mirada a Akira por ratos interminables, pero Viña termina por confesar que la verdadera dueña de la casa es de especie felina, al respecto dice: “La casa es de ella. Yo vivo en arriendo”.

No hay un solo rincón que quede por fuera de su alcance y, de hecho, uno de sus juegos favoritos es esconderse de su dueña, un pasatiempo que ha llevado al extremo, como en una ocasión que todavía recuerda: “Me hizo llorar toda una noche, porque yo llegué y no la vi por ningún lado. La busqué y ella normalmente se siente por ahí. La llamé, moví todo, abrí todas las puertas, me pasee por todas las torres del edificio. Al día siguiente yo estaba pensando en cómo iba a empapelar todo el edificio con avisos de “se busca” y Akira estaba sentada en un sofá, como si nada. No sabía si regañarla o abrazarla”.

Cuidados especiales

Debido a particularidades de su raza, Akira es propensa a sufrir trastornos relacionados con los riñones. Gracias a una alimentación adecuada y a la acción efectiva de algunos medicamentos, su propietaria logró evadir el paso por el quirófano, y espera poder disfrutar de su compañía por lo menos por otros ocho años.

La comida también es clave para evitar que se formen bolas de pelo, que en el caso de esta raza pueden ser un problema de peso debido a la gran longitud del pelaje. Existen concentrados que controlan este inconveniente, que es la causa de vómitos ocasionales. Además, Akira es bastante estricta con su dieta: “No le doy croquetas ni me pide comida. Por ejemplo, hoy estábamos almorzando en la casa y se subió en la mesa para olfatear el postre, pero a ella no le gusta la comida de uno, solo su concentrado y el catnip le encanta, nada qué hacer”.

Para Viña es una prioridad el bienestar de su mascota, y esto implica mucho más que cuidados veterinarios. Evita a toda costa irrumpir su rutina, pues es difícil para los gatos evidenciar cambios en los espacios a los que se encuentran habituados: “No viajo con ella, prefiero dejar a alguien que la cuide. En estos ocho años me he mudado tres veces. Primero llego a la nueva casa, le pongo un spray especial, su arenera, su comida, la dejo en el veterinario para que la bañen y ella llega cuando el hogar está listo para ella, y así lo explore. No la he llevado ni siquiera a Santa Marta ni a ninguno de mis viajes. Lo más lejano es el veterinario”.

Cuando la recibió en su casa por primera vez, la gata era tan pequeña que ella no tuvo problemas para bañarla. Ahora esta maniobra le resulta imposible, así que le encarga la limpieza a un experto. Usualmente Akira lleva su pelo cortado como si tuviera melena, pero debido al frío de los últimos meses, ha evitado la visita al peluquero.

Del más allá
Es usual que los gatos sean relacionados con rituales de esoterismo, pero no es necesario hablar de brujería para cuestionar si los felinos domésticos mantienen algún tipo de conexión con lo paranormal.

Para la muestra, Viña cuenta otra anécdota: “Un día yo estaba cocinando y Akira se paró frente a la puerta del apartamento. Yo no sabía si Mateo –mi novio– estaba a punto de llegar, la miré y le dije: “Akira, ¿quién viene, Mateo?”. Me miró a la cara y volvió a mirar hacia la puerta, a los dos minutos le dije: “Akira, donde Mateo esté parado en la puerta me voy a morir del susto”. Él llegó y casi se me sale el corazón. Me contó que ella le hace lo mismo conmigo”.

Los ojos de Akira con frecuencia se concentran en un punto particular, por largos periodos de tiempo. “Como si pudieran ver otra dimensión”, apunta con curiosidad su dueña.

Lo que está claro para Viña es que la suya es una gata particular, sobre todo a la hora de expresarse. Cree que lo único que le falta es que “le salgan letreros”. Si quiere comida maúlla hasta que su ama se acerca al plato, de igual manera si el arenero está sucio. La comunicación entre ambas es casi tan perfecta como si hablaran en el mismo idioma.

No solo es responsable de las necesidades básicas que requiere su mascota, sabe que no le gusta usar collares (aunque en esta sesión de fotos haya aceptado posar con uno), que prefiere jugar con una caja antes que con un costoso juguete y que no disfruta de los viajes en carro, aunque a ella sí le guste subirla a su auto, porque se acomoda en la ventana trasera y queda a la vista de otros transeúntes, pero reconoce que es una cuestión de ego, solo ganas de decirle a todo el mundo: “Mi gata es linda”.
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