Lo que aprendí de los gatos, no me lo enseñaron en el colegio  

Juan David Agudelo nos cuenta cuáles son esas cosas que podemos aprender del comportamiento de los gatos, una reflexión de vida.

Todos conocemos las maravillosas capacidades físicas que tienen los gatos. Me he imaginado a mí mismo con súper poderes felinos tales como: poder ver perfectamente en la oscuridad, saltar siete veces mi altura, tener la súper agilidad felina para correr por encima de los tejados, sortear todo los obstáculos y ser una sombra ágil y veloz que es prácticamente imperceptible e inalcanzable. 

Después empecé a conocer profundamente a los gatos y me di cuenta que ser gato no es solamente ver bien, escuchar mejor y tener agilidad. Ellos llevan sus poderes mas allá de lo que podemos entender. Empecé a asombrarme de la capacidad que tienen los gatos para estar quietos y “meditabundos” sin ser afectados por los problemas del mundo exterior, son inamovibles, no dejan que los afecte cosas que creen mundanas o que no intervienen directamente con ellos. 

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Me asombra esa tranquilidad con la que miran el mundo, solo preocupados por su comida, su agua y sus juegos. Siempre los comparé con los monjes budistas que son capaces de quedarse quietos por horas meditando, simplemente contemplando en su interior quién sabe qué. 

Empecé a poner en práctica esa cualidad del gato. Intentaba poner mi mente en blanco, cerrar los ojos y trataba de simplemente ser. Imposible para mí, apenas empezaba el ejercicio me acordaba que tenía cuentas por pagar, cosas que hacer, gente que llamar, lugares donde ir, conocimientos que absorber y me di cuenta que no tenía el tiempo para hacerlo todo. 

Me ponía nervioso y ansioso por que me veía como un tonto sentado en mi sofá tratando de tener la tranquilidad de un gato y que no estaba usando ese tiempo, tan útil y escaso que es hoy en día, para hacer cosas productivas. 

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El resultado de mi ejercicio fue gastritis por estrés. Fue fallido mi intento de tomar las cosas con calma y aceptar el día como viene. No pude desprenderme de las inútiles preocupaciones que los humanos tenemos, no pude tomarme unos minutos simplemente para disfrutar mi ser y solamente pensar en lo maravilloso de estar vivo. 

Me encantaría poder abandonar mis preocupaciones desocupar mi cabeza y de vez en cuando simplemente sentarme con mis gatos a mirar por la ventana para ver cómo pasa el tiempo y caen las gotas de lluvia sin que nada altere mi tranquilidad. 

Siempre intento vivir el presente, como los gatos. Ellos no se preocupan si tendrán comida después o dónde van a dormir, tampoco se la pasan pensando en problemas gatunos como que habré hecho mi ratón, o cuando llegará mi humano para que me alimente, ellos simplemente se dedican a vivir el presente, disfrutar su existencia. 

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Eso deberíamos hacer más, olvidarnos de vez en cuando del agite que nos da la sociedad y el mundo moderno. Somos víctimas de la inmediatez informativa, del bombardeo publicitario y de la necesidad de siempre estar haciendo algo, ser productivos, eficientes, útiles, eficaces y a veces nos olvidamos de simplemente vivir. Tomarse diez minutos, sentarse en el parque y contemplar un atardecer, ver como las palomas se alimentan, simplemente disfrutar la vida. 

De mis gatos aprendí a desacelerar de vez en cuando, no preocuparme por cosas que no puedo controlar, de vivir el presente. Curiosamente desde que pongo en practica esas cosas soy mas feliz, me pareció mejor que cualquier terapia que haya tomado o cualquier meditación, y creo que de vez en cuando pensar como gato, me da la tranquilidad que tanto necesito en un caótico mundo como este. 

Por: Juan David Agudelo

Fundador de Gatificando

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