La gata de Pirry lleva el mismo nombre de su dueño, pero en femenino: Guillermina. La gata de Pirry lleva el mismo nombre de su dueño, pero en femenino: Guillermina. Foto: Karen Salamanca

Idiomas distintos

Él ladra, ella maúlla. Dos especies antagónicas conviven en el apartamento de Pirry. Así son sus días junto a Guillermina y Evelio.

Texto: Juan David Montes S.

“Primero llegó el perro”, comenta uno de los zootécnicos más famosos del país, más reconocido por su trabajo como periodista que por la profesión de su diploma. “Tengo un pedacito de tierra en Subachoque, que me vendió un amigo. Él vive allá con su pareja y tienen varios yorkshire terrier. Cuando le compré el lote me encimó el perro. ¿Cómo le iba a decir que no? Además, mi novia de ese entonces quedó matada con él”. Desde hace dos años, Evelio acompaña a Pirry.

Dice que nunca se imaginó tener un perro de esta raza, “me parecían como muy ‘Paris Hilton”, aunque reconoce que entre los caninos de pequeñas dimensiones es uno de sus favoritos. “Me recuerda a mi infancia. A uno de esos comerciales de una bebida gaseosa en el que aparecía un niño que entraba en una casa haciendo figuras de karate y, cuando él volteaba, el perrito lo estaba mirando”.

Una y otra vez lo describe como un ‘bacán’, porque contrario a lo que se cree con respecto a las versiones fun size de los perros, Evelio no es nervioso ni se dedica a ladrar durante todo el día. Pero este yorkshire no es el único cuadrúpedo que merodea los rincones de su apartamento; una felina de tamaño similar comparte los créditos en el listado de mascotas.

Se llama Guillermina, la versión femenina del nombre de pila de Pirry, menos conocido como Guillermo Arturo Prieto La Rotta. Cuando pasaron ocho meses de la llegada de Evelio, una amiga le regaló este ejemplar de raza azul ruso. “Me la trajeron chiquita, con una mirada como la del gato con botas de Shrek”.

No es la primera ocasión que tiene un gato, antes de Guillermina tuvo a Chimpandolfo –nombre tomado de un personaje de la comedia televisiva mexicana Chespirito– y a Ágata. Fueron los primeros en su vida y tristemente tuvo que regalarlos debido a complicaciones médicas padecidas por su padre, que restringían la tenencia de estos animales debido al pelo que desprenden.

Arriba los maullidos

A Pirry le encantan los felinos. En la sala de su casa llaman la atención dos obras del artista urbano Tot: la escultura azul de un gato y un cuadro repleto de especies domésticas. “Conocí a Tot en una exposición en la galería Casa Cuadrada. Me gustan las obras porque me gustan los gatos”, comenta acerca del arte que decora a esta zona de su apartamento.

A propósito de objetos decorativos, comenta que, en alguna ocasión, Guillermina rompió 12 de 18 muñecos que hacían parte de una misma colección. “Le gusta subirse hasta el tercer nivel de la repisa –donde están ubicados–, bajarlos y jugar con ellos. Uno aprende a no enfadarse porque eso ocurre por instinto. Hay que aprender a no dar papaya y no dejar a su alcance cosas muy delicadas o que le puedan llamar la atención”, explica Guillermo con la experiencia de quien ya ha tenido tres gatos.

No considera que sea especialmente difícil educarlos. Afirma que solo es necesario tener una caja con arena y bastantes opciones para que se entretengan. “Si no tienen dónde acaban con los muebles”, advierte el orgulloso dueño de Guillermina, que se mostró poco tímida durante la sesión de fotos, aunque tuvo que ser convencida para posar con la ayuda de algunos juguetes que Pirry utilizó para llamar su atención y atraerla hacia el lente de la cámara. “Mis otros gatos eran iguales. La curiosidad les gana por encima de la timidez”.

Pero si de juguetes se trata, Guillermina prefiere la luz del láser con el que su amo apunta hacia las paredes. Le encanta perseguir ese punto rojo. Uno de los trucos que ha perfeccionado con su amo es prender y apagar la luz cuando él le señala alguno de los interruptores del apartamento. Una actividad perfecta para las noches de hiperactividad.

Entre lo que más le gusta de los gatos, Pirry no duda en resaltar su independencia. “Los perros son mucho más cariñosos, por no decir lambones con uno. Desde que uno llega están ahí como diciendo: “¡mírame!, ¡mírame!, ¡juégame!”. Los gatos son todo lo contrario, se acercan si les interesa. En realidad demuestran su afecto de una manera distinta. Guillermina espera y cuando estoy viendo televisión viene y se acuesta en mi regazo y se queda ahí tranquila. Por las noches, cuando estoy haciendo algo en la cocina se me sube en los hombros y se queda ahí”.

Del maullido al ladrido: la traducción

Pirry explica que Guillermina y Evelio juegan en idiomas distintos. Al conocerse desde pequeños, toda barrera entre especies ha sido derribada. Sin embargo, existen situaciones peculiares. Por ejemplo, relata con risa, cuando la gata se acerca el perro llega de inmediato con la idea de que los tres van a jugar. “Él llega y la gata parece que le dijera: ‘¡Ay, qué pereza!’, y se va”. Otras veces es el perro el que está tranquilo y de repente Guillermina brinca sobre él. “Pienso que tienen una buena relación, en general. Cuando hace frío duermen juntos”.

Es la primera ocasión en la que tiene un gato y un perro de manera simultánea y, por fortuna, ambos opuestos se han atraído. Antes de aceptar la llegada de Guillermina no hubo titubeos, es el estilo de Pirry, quien incluso ha viajado con ella a su finca de Villa de Leyva, donde deja que corra entre el pasto cazando mariposas, “como si fuera una leona”. Comenta que en la primera ocasión tuvo miedo de permitirle tal libertad pero desde entonces siempre vuelve, “sale a las 7.00 a.m. y regresa a las 7.00 p.m., no tengo idea de dónde está pero es feliz”.

Al ser un viajero frecuente, sus mascotas suelen quedarse en ocasiones donde su hermana. Advierte que el cambio de hogar, aunque sea temporal, no es fácil. “A la gata le cuesta y se esconde, porque ellos son muy territoriales. Es una situación extraordinaria y es como dejarlos en una guardería, no van a estar igual de felices que en la casa pero tampoco se van a traumatizar”. Aconseja que quien deba dejar a su gato en otra casa durante unos días puede hacer menos complicado este suceso si procura que su estancia alternativa sea siempre la misma, ya que cada vez que se cambia el escenario se generará más estrés.

Otro de los caprichos que le permite a su gata es dejar que lama un poco de los postres y dulces que él come. Tiene una marcada preferencia por el arequipe: “No le puedo dar mucho porque le hace daño, pero a veces le doy la cuchara y no tengo que lavarla”.

Esta es la vida de Pirry con Guillermina y Evelio, cuyos nombres hacen sonrojar a su dueño: “Me da hasta pena, se llaman así porque mi novia se llamaba Evelyn y yo me llamo Guillermo, entonces nos pareció divertido”.

No te pierdas el detrás de cámaras de la entrevista hecha con Pirry.

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