El trabajo de Zizou

Su labor es mejorar la calidad de vida de comunidades vulnerables. Este labrador tiene puesto su chaleco y está listo para ayudar donde sea que lo necesiten.

El 18 de mayo de este año el desborde de la quebrada la Liboriana causó una avalancha en Salgar, Antioquia. El desastre natural fue clasificado como calamidad pública, debido al fuerte impacto que tuvo para el municipio. Varias personas perdieron su vida y muchos sobrevivientes se quedaron sin hogar.

Después de que la noticia se difundiera, varios organismos de rescate se pusieron en acción. Uno de los equipos que acudió fue el de Stella Daza y Zizou, miembros de la Cruz Roja Colombiana. En medio de las labores dedicadas a la remoción de escombros y la atención médica, este escuadrón estaba a cargo de la atención psicológica.



Era la primera misión de este tipo para Zizou y su trabajó no tardó en hacer efecto. “Muchos menores de edad quedaron huérfanos y es usual que en estas circunstancias la gente no quiera hablar. Este era el caso de un niño que se negaba a decir palabra alguna. Llegamos a Salgar un martes. Le dije al niño que si quería hablar con alguien, ahí estaba mi perro. Él se mostraba apático. Al día siguiente se acercó y me saludó, pero no ocurrió más. Al tercer día peinó al perro y empezó a contarle cosas a él. De repente estaba llorando, acompañado de Zizou, y desahogándose, y el sábado en la noche lo vi sonriendo. Me abrazó y me dijo que quería ser como yo y tener un perro como el mío” comenta Stella.

Es imposible para Stella retener un par de lágrimas que se escapan de sus parpados mientras recuerda su experiencia en Salgar, que fue escenario por primera vez en Colombia y América Latina para la realización de un trabajo de ese tipo. “Es un plan piloto que estamos implementando, una experiencia muy valiosa en la que nos dimos cuenta de todo lo que puede hacer un perro”, destaca la voluntaria.



De vuelta a la ciudad poco ha cambiado en su atípica rutina, dedicada casi por completo al entrenamiento de Zizou, Nerú y Toya. Su vida dio un giro radical desde que su esposo decidió incursionar en el entrenamiento de perros de rescate. Sin embargo, ni Zizou ni Toya resultaron aptos para esta actividad, pero quedó al descubierto una alternativa poco conocida, pero no por eso menos meritoria: el apoyo psicosocial.

Modelo a seguir
Son varias las familias que, víctimas del desplazamiento forzado y otras tantas condiciones, deben empezar desde cero en un entorno urbano. Para que este nuevo inicio sea, al menos, un poco más ameno, perros como Zizou tienen la responsabilidad de ser un ejemplo de rol.

Stella acude con regularidad al albergue Solferino, acompañada de su perro. Ella da lecciones sobre el cuidado dental, cepillando los dientes de su can. El principal aprendizaje para su audiencia, más allá del enternecedor espectáculo de Zizou, es ser conscientes de que si el perro cuida su higiene dental no debe ser diferente en el caso de ellos mismos. De esta manera, con la realización de este tipo de actividades se refuerza la importancia del cuidado personal, que en muchas ocasiones termina por ocupar un papel menos que secundario cuando se trata de poblaciones vulnerables. Además –como en el caso de Salgar–, la presencia del perro es una excusa para que las personas se puedan expresar. Su trabajo es hacer sentir que él le pertenece a todos aquellos con quienes interactúa y, sencillamente, dejarse consentir por ellos.

Su entrenamiento consiste en el aprendizaje de nuevos trucos, que él bien sabe que significan premios para él; por cierto, las salchichas son su recompensa favorita. Por medio de este sistema, su interés por el desarrollo de nuevas habilidades se mantiene en constante expectativa.

Aunque la tarea suene sencilla, Zizou requiere de la dedicación de su dueña, quien se despierta todos los días a las 4.30 a.m., para salir al parque con sus tres perros. Allí repasan varias habilidades y aprenden otras más. El día transcurre con normalidad hasta las horas de la tarde, cuando tienen otra sesión dedicada a sus destrezas, aparentemente sencillas pero con ejemplos de civismo que bastante falta hacen en la especie humana, como recolectar la basura presente en zonas verdes. “Es una manera de enseñar que cada cosa tiene un lugar. Lo adultos no sabemos respetar nuestro entorno”, explica Stella. Sin duda, la labor de Stella y la de cada uno de sus perros es más que destacable, pero ¿cómo llegaron a vincularse de lleno en los programas de voluntariado de la Cruz Roja?

Una razón peluda
Zizou llegó a su hogar cuando apenas tenía dos meses, por petición de la hija menor de Stella. Sin embargo, ella se fue a estudiar al exterior y encargó a sus padres el cuidado de su mascota. “Me dijo que la ayudara a hacer algo bueno con él”, recuerda la madre. En este momento surgió la inquietud por convertirlo en un perro de rescate.

Ni Stella ni su esposo eran parte del equipo de socorristas, “viene a raíz de este peludo”, se justifica ella, tan ataviada como él con el chaleco que los identifica como voluntarios de la Cruz Roja. Al ser descartado por no contar con los parámetros requeridos, la terapia asistida surgió como alternativa. En medio de un grupo reducido de especialistas en este tema, se han hecho su propio lugar para crear un campo de acción, a pesar del escepticismo de muchos que no creen en todo el potencial de un animal como factor de cambio social.

Por supuesto que es necesaria la labor de aquellos perros entrenados para la localización de victimas en escombros, pero las habilidades de esta especie van mucho más allá de este tipo de tareas. Y en cuanto a su dueña y entrenadora, para ella la cuestión se reduce una cuestión todavía más simple: “la vida me ha dado tantas cosas tan bonitas que creo que es la única forma de recompensarlas”.

Haz parte del equipo de voluntarios de la Cruz Roja. Obtén información en cruzrojacolombiana.org
¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.