Un riesgo común es que los perros tomen agua de mar o de las piscinas. Para esto, la mejor solución es mantenerlos hidratados y ofrecerles agua durante el tiempo que estén jugando o ejercitándose. Un riesgo común es que los perros tomen agua de mar o de las piscinas. Para esto, la mejor solución es mantenerlos hidratados y ofrecerles agua durante el tiempo que estén jugando o ejercitándose. Foto: 4Patas.com.co

¡Perros al agua!

Tiempo de descanso, sol y piscina –o playa– son una gran oportunidad para divertirse entre mascotas y amos. Asegúrese de llevar una toalla y también una cámara, porque seguro habrá tomas memorables.

A la hora de compartir con las mascotas, pocas actividades combinan diversión y ejercicio como aquellas que se realizan en agua. Una vez los perros se sienten suficientemente cómodos –o si son amantes del agua por instinto– pueden pasar un buen tiempo jugando y nadando. Además, es una excelente fuente de ejercicio, que incluye la posibilidad de refrescarse.

Con juguetes que floten se puede realizar una versión acuática de la tradicional actividad de traer el objeto. Inclusive, los más acostumbrados al agua no tendrán problemas en sumergirse para atraparlos. Dejarlos nadar tranquilamente o ponerlos a flotar con la ayuda de algún elemento inflable –los perros no flotan por naturaleza, por lo que puede que se cansen más rápido por estar moviendo sus patas– también es una opción para quienes quieren relajarse en compañía de su mejor amigo.

Una vez el perro se ha familiarizado con el agua, existen otras opciones, desde enseñarles a saltar o sumergirse ‘como profesionales’, hasta surf canino. También, cuando se trata de perros mayores, moverse en el agua será más fácil para sus articulaciones, por lo que puede convertirse en un ejercicio muy saludable.

Como pez en el agua
Si bien sus ancestros, los lobos, experimentaban toda clase de ambientes hostiles en sus cacerías –incluyendo el agua y la nieve–, es posible que muchos perros urbanos nunca hayan estado en contacto con grandes fuentes de agua y, por eso mismo, muestren miedo o timidez frente a cualquiera de sus escenarios. Estas son algunas claves para que pierdan, poco a poco, el temor y se aventuren a disfrutarla.

- Si el perro le tiene terror a la lluvia o al piso mojado, puede llevarlo afuera y jugar con él durante un rato, bajo estas condiciones. Llevar su juguete favorito puede ayudar.
- Como si se tratara de un niño que está aprendiendo a nadar, no lo lance directamente a las profundidades. Pruebe con superficies mucho menos hondas, en donde solo sus patas queden sumergidas; una piscina de niños puede servir o, si se trata de un perro muy pequeño, hasta un recipiente plástico.
- Si está cerca de la playa o de un lago, prepare una visita con el perro y deje que este camine por ahí en un ambiente relajado. Puede intentar acercarlo al agua, con ayuda de la correa pero sin tensarla. Si muestra temor o rechazo, no lo obligue e intente más adelante.
- Una vez entre al agua, es importante que, si el perro tiene miedo, sea capaz de salir por sí solo. Si el diseño de la piscina no le permite hacerlo es posible que incremente su temor.

Nadado de perro
Algunas razas son excelentes nadadoras por naturaleza:

- Perros de agua (portugués, español, americano, etc.): como si el nombre no fuera suficiente, la historia ha demostrado las habilidades acuáticas de estos animales. Los portugueses, por ejemplo, eran usados para enviarse mensajes, en el mar, entre pasajeros de embarcaciones cercanas.
- Terranova: de excelentes compañeros en embarcaciones pesqueras, a salvavidas que harían quedar a Mitch Buchannon como un amateur, estos canes se sienten muy cómodos en el agua. Nada más por su tamaño, son famosos por un splash gigante cuando se lanzan a la piscina.
- Labrador y golden retriever: no solo su carácter amigable convierte a estos perros en la mejor compañía para ir a nadar, sino que su contextura física los hace sumamente aptos.
- Poddle: aunque no lo parezca a simple vista, esta es una raza de excelentes nadadores, de hecho, se cree que su nombre, de origen alemán, proviene de una palabra similar al inglés puddle (charco o pozo).
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