Comprar mascotas y no adoptarlas puede fomentar el maltrato animal

Una columna de opinión para denunciar la crueldad de las prácticas de reproducción de animales de raza. Una columna de opinión para denunciar la crueldad de las prácticas de reproducción de animales de raza. Foto: iStock - Daniel Malinowski

En una cultura de consumo en la cual los seres vivos son tratados como objetos, es imperativo hablar de lo inmoral que es comprar perros de raza. La gran mayoría de estos animales vienen de criaderos ilegales que son básicamente fábricas de cachorros.

Columna de opinión por Natalia Posada Callejas.

Las imágenes de este artículo pueden herir la sensibilidad de muchas personas. Las incluimos para denunciar la crueldad de las prácticas de reproducción de animales de raza.

Las “fábricas de cachorros” son, por lo general, instalaciones de cría de perros en condiciones de falta de sanidad, agua y comida en las que las ganancias económicas están muy por encima del bienestar de los animales.

Esta cadena comercial termina en las vitrinas de “mascotiendas”, internet, veterinarias irresponsables y en las calles de las ciudades. Teniendo en cuenta las consecuencias negativas que tiene sobre las hembras, sobre los cachorros y las implicaciones económicas que esta práctica conlleva, la comercialización de perros de raza bajo estas condiciones es una práctica sumamente perjudicial.

En primer lugar, tengamos en cuenta la crueldad de las prácticas reproductivas a las que son sometidas las hembras en los criaderos, legales o ilegales, de los que provienen la mayoría de animales de raza.

Para ilustrar esta situación podemos mencionar el uso de los llamados “potros de violación”, instrumentos diseñados para inmovilizar a las perras para que el macho pueda montarlas cuando se niegan a tener relaciones sexuales, ya sea por dolor, una enfermedad genital, su temprana edad, etc.

Foto de carácter anónimo que muestra uno de los potros de violación artesanales en una “fábrica de cachorros”.


La F.C.I. (Fédération Cynologique Internationale), la mayor organización canina del mundo, afirma que aunque el ciclo fértil de una hembra comienza entre los 6 y los 10 meses de edad, no es conveniente reproducirla antes de los 12 meses y después de los 9 años.

Pese a que el momento de mayor fertilidad aparece cada 6 meses, esta entidad enfatiza en la importancia de no reproducir más de 2 veces a una hembra en toda su vida. Sin embargo, los criadores ilegales hacen caso omiso a estas recomendaciones porque implican una pérdida de tiempo y dinero.

Va a llegar un punto en el que los animales ya no puedan reproducirse más porque sus cuerpos literalmente no se los permiten y “su ciclo de vida útil ha caducado”. Es allí cuando son tirados a las calles a su suerte para que sobrevivan como puedan.

Recuerda lo que debes hacer para denunciar un caso de maltrato animal y se haga justicia.

Efectos en los cachorros

Evaluemos las consecuencias que tienen estas prácticas comerciales sobre los cachorros. Estos son separados de sus madres antes del tiempo estipulado para ahorrar dinero, espacio y que su madre pueda estar libre para reproducirse de nuevo, sin importar que recién haya parido.

En ocasiones, a las perras les cierran la boca con cinta aislante, cuerdas o bozales de acero para evitar ruidos de dolor o rabia. La campaña “No uses pieles” publica en su cuenta de Twitter @NoUsesPieles imágenes así para generar consciencia en quienes planean comprar mascotas.

Las primeras semanas del cachorro junto a su madre son vitales para su desarrollo. César Millán, reconocido entrenador canino, sugiere en su libro “El encantador de perros”, no separar al cachorro de la madre antes de las 7 semanas de vida, pues su salud tanto física como psíquica dependerá mucho del tiempo que haya pasado junto a ella.

Para reducir gastos, los criadores suelen practicar la endogamia, que se trata de reproducir a hermanos de la misma camada o incluso madres e hijos. Cuando estos cachorros crecen aparecen efectos colaterales tales como enfermedades hereditarias y congénitas que empobrecen la carga genética del perro y le ocasiona muchos problemas a sus cuidadores.

Maltrato animal, una cruda realidad en San Andrés.

Reproducciones innecesarias

La inclusión del aspecto económico en el proceso biológico de los perros tiene consecuencias negativas. Si bien el cuidado de cualquier mascota requiere un gasto, la comercialización de animales, ya sea legal o ilegal perpetúa la reproducción masiva e innecesaria de perros de raza y le niega la oportunidad a muchos otros, encerrados en perreras o abandonados en la calle, de tener un hogar.

Por tantas modificaciones genéticas que ha sufrido, la Bull Dog es una raza que difícilmente puede reproducirse: para buscar las crías se recomienda asesoría veterinaria. Fotos como esta corren por las redes sociales para denunciar esta forma de maltrato animal.

Adicionalmente, comprar una mascota implica muchos gastos que a veces no se tienen en cuenta.

Con un perro de raza, además de tener que invertir mucho dinero para obtenerlo, hay que sumarle el cuidado veterinario mensual que estos exigen, pues la mayoría han sido modificados genéticamente para obtener ciertos comportamientos o aspectos físicos deseados.

Estas modificaciones cambiaron irreversiblemente las razas, lo cual trajo consigo la aparición de enfermedades hereditarias incurables. Así, cuando un proceso natural pasa a estar tan atravesado por el dinero, el bienestar de los animales pasa a un segundo plano.

Por una vida digna para los animales

Al comprar estos animales, por más intenciones positivas que tengamos para librarlos de la soledad, lo que en realidad estamos haciendo es demostrándoles a estos criadores ilegales que maltratar animales es un negocio que da dinero fácil.

Es muy probable que con tu dinero estés fomentando la industria cruel de las “fábricas de cachorros” sin darte cuenta.

Es por esto que es mejor optar por adoptar un perro, bien sea de un albergue o directamente de la calle y de esta manera reducimos paulatinamente el comercio despiadado de las fábricas de perros hasta llegar a un punto en el que solo encontremos mascotas que han tenido una vida digna.

Artículo de opinión publicado en la revista Bitácora de la Universidad EAFIT por Natalia Posada Callejas, estudiante de Comunicación Social.

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