Emilia ahora disfruta de una hermosa vida en familia. Emilia ahora disfruta de una hermosa vida en familia.

Emilia y su nueva oportunidad

Esta pequeña ‘raza única’ no solo fue rescatada de las calles de Barranquilla, ahora también disfruta de un hogar seguro, cálido y amoroso.

Del pasado de Emilia se sabe muy poco; lo único seguro es que no fue nada afortunado. Paola, su rescatista, conducía por las calles de Barranquilla cuando vio una pequeña perrita que se movía nerviosa y aceleradamente para cruzar la transitada vía. Sin pensarlo dos veces frenó, se bajó del carro y corrió a buscarla. Junto a su mamá, lograron alcanzarla y la recogieron. Luego, la envolvieron cuidadosamente en una toalla y la llevaron directo al médico.

“Apenas la agarré se orinó del miedo. El olor a podrido era indescriptible. La piel era como un cuero, estaba llena de llagas porque tenía sarna. Entonces la llevamos a un veterinario”, cuenta Paola. El diagnóstico arrojó muchos parásitos en la piel, anemia y desnutrición; sin embargo, aún había esperanza. Mientras Emilia comenzaba su tratamiento dermatológico, apareció quien se convertiría en su futura mamá. Ángela, amiga de Paola, se comprometió a ayudar a pagar los procedimientos veterinarios y las medicinas; más tarde, también aceptó transportarla hasta Bogotá para hacerla parte de su familia.

Luego de cuatro largos meses de recuperación, en enero de 2014, Emilia estuvo lista para volar hacia su nueva casa. Aunque su actitud había mejorado, continuaba siendo muy tímida y todo a su alrededor era una novedad. “No jugaba, no saludaba, era temerosa y retraída, ladraba muy poco y al ofrecerle algún bocado, se lo llevaba lejos como para evitar que se lo quitaran”, cuenta su abuela, la mamá de Ángela, gran apasionada por los animales y una de las mejores compañías de ‘Emilita’.

Ángela, su esposo y su hijo colaboraron para darle confianza y enseñarle a jugar. Poco a poco, gracias al amor que le han brindado, Emilia recuperó la mirada expresiva, es juguetona y muy cariñosa. Se adaptó a pasear con correa, disfruta mucho de acostarse al Sol y puede pasar horas mirando hacia la calle por la ventana. De vez en cuando come sopita de pollo y galletas, y se le nota muy agradecida.

“Ella ha traído felicidad, amor incondicional y compañía a cambio de nada”, aseguran todos en la familia, quienes no se arrepienten de haberle devuelto la alegría de tener un hogar.

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