cómo evitar que el perro te pida de lo que estás comiendo

¿Quién no ha cedido a la cándida e inocente mirada de ese ‘pobre perrito’ suplicando por un trozo de comida? Pocos podrían resistirse ante esos ojos grandes y cristalinos, un tiquete directo a lo más profundo de la debilidad humana.

El problema es que el comedor familiar no es el lugar idóneo para ello. Definitivamente y sin concesiones. La súplica constante por comida no es solo un problema molesto de comportamiento, sino que, además, puede convertirse en el precursor de asuntos más serios -trastornos de ansiedad, robo de comida, jerarquización inadecuada-, además de alterar el equilibrio físico y mental de tu perro, si las condiciones están dadas.

El tema de la complicidad

Autojustificarse es fácil. Un propietario alcahueta siempre encuentra razones para ceder: “está muy flaco” o “pobrecito, pasando hambre todo el día”, son coartadas típicas, aunque la lista es larga. La impotencia para resolverlo también es causa común, pues si no puedes con él... ¿mejor únetele, verdad?

Nada de eso. Las soluciones están al alcance. Por supuesto, como cualquier proceso de aprendizaje requerirá de paciencia y consistencia. No hay pócimas mágicas ni encantamientos para mejorar el comportamiento de las mascotas.

¿Déficit nutricional? O ¿Perro malo?

Vamos a los hechos. Primero, un perro no necesita ‘comida humana’. Si has elegido adecuadamente su plan de alimentación -ya sean concentrado o alimentación natural balanceada- es poco probable que requiera de algún nutriente extra y, menos probable aún, que lo encuentre en tu despensa. Cuidado: alimentos como el ajo, la cebolla, la sal, las uvas y el chocolate -entre otros-, comunes en tu cocina y/o tus preparaciones, son enemigos declarados de la salud de tu mejor amigo.

Segundo, suplicar por comida se basa mucho más en la búsqueda de atención y la compulsión por comer, que en el hambre en sí misma. Un perro, aun satisfecho, pedirá si tiene la esperanza de que finalmente será recompensando. Es un comportamiento aprendido, enseñado (voluntaria o involuntariamente) por los propietarios. De hecho, no es nada inusual que el can elija cuidadosamente a su objetivo: el miembro de la familia más dispuesto a ceder, el eslabón más débil de la cadena. Astucia no les falta.

¿Cómo solucionarlo?

Por supuesto, si el problema ya existe, lo más importante es aprender a manejarlo para que ni tu mascota corra peligro comiendo algo que no debe y pueda resultarle dañino, ni para que siga molestando a tu familia y visitantes con su carita de ‘ruego, yo no fui’. Aquí te damos una serie de tips, para que paso a paso y con mucha paciencia, logres erradicar este problema de conducta en tu peludito. Toma nota.

1. Nunca des comida fuera de lugar ni de los horarios establecidos para tu perro! Aunque obvio, resulta ser un común denominador. No enseñes un hábito que no tolerarás. Lo primero siempre es la prevención. Es más fácil enseñar que corregir.

2. Peor aún: ¡Nunca te rindas! Los perros son animales particularmente persistentes. Si terminas flaqueando, tu perro no habrá solucionado el problema e incluso habrá empeorado.

3. Inutiliza la conducta: los animales prefieren no gastar su energía improductivamente. Paciencia, el resultado llegará. Si suplicar por comida no consigue comida, eventualmente lo abandonará.

4. Ignóralo: Igualmente, si suplicar por atención no consigue atención, lo abandonará. Dásela cuando esté tranquilo y no pida nada.

5. Al negarle tu atención su insistencia será mayor, temporalmente. Es parte del proceso. Resiste.

6. No permitas que el hábito de pedir se generalice.

7. Enséñale que hay momentos específicos para recibir alimentos: además de sus comidas, una sesión de entrenamiento o un premio por un buen comportamiento son escenarios válidos.

8. Controla el ambiente: impide su acceso o indícale que permanezca en otro sitio.

9. Enséñale la orden de ir y permanecer quieto en un lugar -su cama, su casa, un tapete- de forma que sea incompatible con estar acechando en la mesa.

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