Cómo ayudar a que mi hijo supere el miedo a los perros

¿Cómo lograr que yu hijo supere el miedo a las mascotas luego de haber tenido una mala experiencia con ellas? La sicóloga Lucía Nader nos da algunos consejos.

Un niño puede desarrollar miedo a los perros o a los gatos luego de una mala experiencia con ellos, aunque vale aclarar que los temores no siempre se originan en experiencias negativas. Según dice la sicóloga Lucía Nader, la solidez de los vínculos del niño con su familia define el nivel de seguridad emocional así que eso determinará la forma en que interpretará las primeras experiencias con las mascotas, ya sea como un trauma o un aprendizaje.

Cuestión de educación
Los padres deben asegurarse de controlar el entorno en el que los niños interactúan con las mascotas y su responsabilidad es enseñarles a sus hijos a no acercarse a un gato o a un perro sin medir posibles riesgos pues una mascota es justamente eso ¡una mascota! No un juguete. Explica Nader que si por casualidad hay algún incidente entre el animal y el niño, como un rasguño o un mordisco, es importante generar de inmediato una aproximación con otras mascotas conocidas y demostrarle que lo sucedido no es algo común.

En caso de que las heridas sean de gravedad a tal punto de haber requerido atención médica, es importante dar el tiempo necesario para la recuperación y recurrir en este lapso a la ayuda de profesionales de la sicología que estén en capacidad de enseñar, a través del juego, a no temer a los animales domésticos y a tener las precauciones necesarias para acercarse a ellos. En ese proceso no deben existir imposiciones, la obligación solo refuerza el miedo.

Un mundo desconocido
Es importante que los chicos conozcan el mundo que los rodea. Dice Nader que hoy en día, por ejemplo, es posible encontrar niños tan arraigados al entorno urbano que cuando les preguntan de dónde viene la leche, dicen que del supermercado. Apunta la sicóloga que en muchos casos esto sucede porque los contextos campestres que visitan los menores en la actualidad son clubes o fincas tan sofisticadas que allí no hay contacto directo con animales domésticos o insectos.

Como el mundo animal es algo inexplorado, los niños empiezan a temerle y desarrollan una conducta que basa su seguridad en la evasión de lo desconocido. Luego, cuando el niño sea más grande, podría estar avocado a tener experiencias cercanas con perros o gatos que para cualquiera serían normales pero para él podrían ser chocantes. Por ejemplo, un lametazo o un rasguño leve podrían desarrollarle una fobia.

Finalmente, la experta agrega que las mascotas son magníficas en la vida de los niños pues ayudan en la formación de responsabilidades y el respeto por normas. Además propician el crecimiento de la inteligencia emocional, dan independencia y compañía.

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