Héroes de guerra

En total, 352 perros hacen parte del equipo de caninos antiexplosivos de la Sexta División del Ejército Nacional. Yara y Káiser, dos labradores de tres años, resultaron afectados por la detonación de explosivos durante su labor de rastreo, sus historias confirman que la tragedia de la guerra no solo tiene cara humana.

Mientras Yara y Káiser corren y juegan en el centro de entrenamiento canino que está ubicado en el Batallón Liborio Mejía, en las afueras de Florencia, las huellas del impacto causado por la explosión de minas pasan desapercibidas para ambos. En el caso de él, seis meses menor que su compañera de juego, ha transcurrido un año desde la tarde en que acompañaba a un pelotón de contraguerrilla en la zona donde opera el Frente 15 de las FARC y, sin quererlo, activó un artefacto explosivo que comprometió su pata delantera derecha, así como uno de sus ojos. En cuanto a Yara, solo ha pasado poco más de un mes desde que el pasado 29 de diciembre su extremidad trasera derecha recibió algunas esquirlas de mina, que hasta la fecha le impiden apoyarse en esta pata.

Hace falta mirar con detalle a ambos perros mientras reposan, después de un rato prolongado de juegos, para evidenciar las marcas de aquellos días en que sus vidas cambiaron para siempre. Káiser contaba con 23 de meses de servicio al ejército, apenas una fracción de los ocho años para los que son entrenados los perros antiexplosivos. Yara superaba la experiencia de su congénere por apenas siete meses. Hoy se han retirado de todos los oficios militares, aunque permanecen en las inmediaciones del ejército, ella en el centro de entrenamiento canino y él, en el Cantón Militar de Florencia.

Un soldado más
“Cuando suena la corneta para llamar a los soldados a la hora de la alimentación, Káiser se va detrás de todos y llega a esperar la comida, para que le den algo, formando como un militar más. Además, él acompaña a los relevos de los puestos de centinela, que se hacen cada tres horas ahí donde están las garitas en el cantón, y cada que hay un cambio el perro se va detrás del pelotón”, comenta el Teniente Carlos Vargas para relatar la nueva cotidianidad de este labrador negro.

Vargas insiste en que en el caso de perros antiexplosivos, que por motivos de fuerza mayor no pueden seguir cumpliendo su rol militar, los animales continúan siendo miembros de la comunidad a la que pertenecen, incluso con honores que se entregan a los caninos en ceremonias que cumplen con los mismos protocolos que para el caso de soldados.

La tarde de febrero en que Káiser fue blanco de la violencia que está sembrada en esta región del país, él ya había detectado dos campos minados, y había informado acerca de estos. Por desgracia, después de encontrar el tercer campo, cuando los técnicos ya se encontraban en labores de desactivación, una mina se detonó accidentalmente y afecto, únicamente, al cuadrúpedo.

De inmediato, el comandante del pelotón hizo un requerimiento por radioteléfono pidiendo con urgencia el helicóptero para evacuar a Káiser, que estaba malherido e inconsciente. Mientras tanto, los enfermeros de combate le prestaron primeros auxilios y lograron controlar la pérdida de sangre. “Los enfermeros, los mismos militares a los que él ya había salvado, ahora lo estaban salvando a él, con las mismas medidas que se tienen en cuenta en el caso de un soldado y la misma exigencia profesional”, relata el Teniente Vargas.

El helicóptero fue enviado desde el Fuerte Militar Larandia, en Caquetá, pero cuando estaba llegando al lugar donde se encontraba Káiser la nave fue hostigada con disparos y no puedo aterrizar, así que tuvo que retirarse. Fue necesario hacer un nuevo requerimiento, para solicitar una aeronave de apoyo que escoltara al helicóptero. La tropa tuvo que cambiar de ubicación e improvisar una camilla para transportar al perro hasta el sitio en el cual el Black Hawk pudo aterrizar, para dirigirse hacia el cantón.

Allí ya estaban listos los médicos veterinarios del ejército. Se le practicaron en total cuatro cirugías, durante tres días. Una vez pasado el tiempo de recuperación, Káiser recibió una condecoración, como la que es otorgada a todo combatiente.

Fidelidad a prueba
El incidente de Yara, una labrador dorada, tuvo lugar en la vereda Planes de Begonia (San Vicente del Caguán), mientras una unidad del ejército llevaba a cabo un trabajo de registro y control en la zona. Durante el procedimiento se activó por accidente un campo minado y algunas de las esquirlas la hirieron gravemente.

Cuando se estaba llevando a cabo el proceso de evacuación, que requirió la improvisación de un helipuerto para la aeronave de rescate, algunos soldados y el sargento a cargo activaron otras minas y resultaron heridos. Finalmente, el helicóptero logró descender y transportar a los afectados, en caso de los humanos, se puede decir que contaron con más suerte que Yara, pues sus heridas fueron más leves.

Según el Teniente Vargas, casos como los de Yara y Káiser no ocurren con frecuencia. De hecho, asegura que ellos fueron los únicos perros de la Sexta División afectados por un campamento minado durante 2014. El entrenamiento canino se refuerza cada seis meses, durante 20 días. De ser posible, el ejército prescindiría del servicio de los caninos, pero aunque existan herramientas diseñadas para la detección de minas, el Teniente Vargas explica que estas se han diseñado para topografías muy diferentes a la colombiana: “En lugares como Afganistán, donde el terreno es llano, la máquina funciona; pero en la selva tupida, hay mayores complejidades. El charco más bajo llega a las rodillas”. Sin dejar de lado que los detectores de metal resultan fútiles ante artefactos fabricados con vidrio y plástico.

Se procura que el soldado a cargo, denominado como guía canino, mantenga el vínculo durante todo el periodo de servicio de su perro, para facilitar que las órdenes y todo tipo de comandos sean bien entendidos. Por supuesto, en medio de la extrema rutina que ambos llevan a cabo, con el tiempo se fortalece una conexión emocional que va más allá de cualquier vicisitud relacionada con la realidad que afrontan a diario.

Por: Juan David Montes S.
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