Un día en la guardería

Un bosque, al interior de Bogotá, se ha convertido en el segundo hogar de decenas de perros. Entre carreras de obstáculos, piscina y caminatas ecológicas, las mascotas le sacan el máximo provecho a sus días en el colegio.

A eso de las 7.00 a.m., un pequeño microbús recoge a Jerónimo en la puerta de su vivienda para llevarlo a estudiar. Sin reticencia ni pereza, el joven pastor ovejero de aproximadamente tres años y medio de edad, saluda a sus amigos de ruta, se sube a su guacal y espera con un poco de impaciencia, hasta llegar al lugar que considera como su segunda casa, desde hace poco más de tres meses.

A la altura de la Avenida Séptima con calle 193, el transporte se parquea y el entrenador de la primera ruta de la mañana sale para recibirlos. Primero bajan los más pequeños: yorkshire terriers, schnauzers miniatura y pugs. A estos les siguen los labradores, golden retrivers, pastores alemanes y las razas únicas que asisten al jardín. Entre los ladridos de emoción de los estudiantes de cuatro patas, resaltan sus personalidades; Figo es el más reflexivo, Samuel el más curioso, Pompilio uno de los más tiernos y Jerónimo el más hiperactivo.

La primera actividad del día comienza a las 8.00 a.m. Se trata de una caminata grupal de dos kilómetros y medio de largo a través del bosque y en dirección a la parte de arriba de la montaña. Los perritos nuevos caminan amarrados al entrenador para evitar que se pierdan o se queden atrás; sin embargo, todos disfrutan de mucha libertad. Jerónimo, quien hace unas cuantas semanas obtuvo el derecho de hacer el recorrido sin correa, es uno de los más emocionados.

“Jero es hiperconsentido, todo el tiempo está buscando la atención de las personas. La mayor preocupación de sus dueños es que era muy ansioso y tenían problemas dejándolo solo en casa. Actualmente, el entrenamiento le ha enseñado a controlar la ansiedad y el contacto con otros perros lo hace más sociable. Inicialmente, siempre lo teníamos con correa porque no sabíamos cómo iba a reaccionar, pero ha tenido una muy buena evolución y ahora hacemos las actividades con él suelto”, cuenta Stefany Castro, co-fundadora del colegio.

Al terminar el calentamiento matutino, Jerónimo y sus amigos pasan a un tiempo de descanso y socialización en amplios corrales por 15 minutos. Allí retoman fuerzas para comenzar el entrenamiento y tomar clases de ‘caminar al lado con’, ‘permanencias sentados’, ‘permanencias echados’, entre otras asignaturas que les enseñan obediencia, así como a mantenerse tranquilos aún si otros perros están en actividad.

“Hacemos algo que se llama over training o entrenamiento en grupo. Este tiene varias ventajas. Primero, que tenemos el control de cinco perros al mismo tiempo. Cuando uno solo de ellos ve a los demás corriendo, aprende a permanecer controlado. Luego, el dueño puede salir tranquilo a la calle porque aunque su mascota vea a otros, no se va a escapar ni a salir tras ellos”, explica Mauricio Rodríguez, jefe de los entrenadores y experto en conducta canina del colegio.

Lo que viene después es uno de los momentos más divertidos de la jornada, algo así como la clase de educación física, la favorita de la mayoría. Juegos de cobro o de alcanzar la pelota, actividades olfativas o de rastro, dinámicas para aprender a superar obstáculos, saltos y, si el día está soleado y los perritos de suerte, ¡piscina junto al entrenador! Jerónimo, por supuesto, es uno de los primeros en apuntarse a un frío chapuzón.

Jerónimo y su nueva oportunidad
“Hace aproximadamente siete meses me encontré con una foto de Jero en una red social a la que pertenezco y decía que se le daba en adopción. Fue solo verlo para enamorarme profundamente de él, de su ojito alvino, de esas ganas de vivir y, sobre todo, de ser feliz. Su historia puede ser, al mismo tiempo, triste y profundamente maravillosa”, cuenta Amalia, su dueña actual.

El pequeño pastor ovejero había sido rechazado antes por varios adoptantes pues se encontraba en un mal estado de salud. Sufría de una dermatitis crónica que le había hecho arrancarse el pelaje del lomo y que le causaba mucho dolor. Luego de ser rescatado y de ser llevado a un veterinario para empezar su proceso de recuperación, Amalia y su esposo lo visitaron y decidieron asumir el reto de llevarlo a su hogar, dándole la oportunidad de empezar de nuevo al calor de una familia.

“Desde ese día, el camino de Jero ha estado lleno de mucha paciencia, amor, alegrías, sorpresas y ante todo profundo agradecimiento con la vida. Hoy puedo decir que él es feliz, ha superado en gran medida sus altos niveles de ansiedad y cada día despierta con ganas de irse a jugar al colegio con el resto de su manada. Es el regalo más lindo que Dios y la vida nos ha dado, nos llena en muchos aspectos y nos enseña que es posible sanar”, describe Amalia con gratitud.



Una idea, una pasión

El Bosque Centro Deportivo Canino, nombre oficial del colegio de Jerónimo, nació como resultado de un profundo amor por los animales. “Empezamos hace cuatro años. Mi cuñado le regaló una perrita a mi hermana, y en su afán de dejarla en un lugar seguro, hizo todo el estudio de guarderías caninas que había en el momento pero ninguna lo convenció del todo. Teníamos este lote familiar y decidimos montarlo nosotros”, explica Stefany, quien junto a su hermana Constanza y su cuñado Andrés Caicedo, ha sacado adelante el proyecto desde su etapa universitaria.

El lugar, custodiado por Raúl y Lucas, dos razas únicas adoptadas por el Bosque Canino, ofrece múltiples ventajas para las mascotas y sus amos. Además de brindar amplias zonas verdes y la seguridad necesaria para mantener a los perros dentro del área, permite la visita mensual de sus dueños para que aprendan los conceptos básicos del entrenamiento y los puedan aplicar en casa. A los servicios de peluquería canina, eventos y guardería por tiempos prolongados, se suman el gran amor y atención que cada peludo recibe durante su visita.

Tal como en un colegio para niños, los perros están divididos por grupos. En este caso, el patrón no son los conocimientos ni la edad, sino la ruta: los de Chicó y la Cabrera, los de Unicentro y Cedritos, los del Centro, y así con cada barrio o localidad con el fin de fomentar la amistad entre vecinos. Como bien lo explica Stefany, “hay perritos que viven en el mismo edificio o que se encuentran en el mismo parque cuando salen a pasear. Como se conocen desde el colegio, luego se ven y pueden socializar en lugar de pelear”.

Antes de recibir a los alumnos, el Bosque Canino se cerciora de conocer sus características para poderlos ayudar. Pruebas de ansiedad por separación, de agresividad, de dominio y territorialidad, son algunos de los test que las mascotas pasan para poder ingresar y para que sus entrenadores estén informados de los cuidados y precauciones especiales que deben tener. Así, cada perro trabaja lo que más necesita y, según su raza, potencializa sus capacidades naturales.

Al finalizar el día escolar, a eso de las 2.00 p.m. la ruta vuelve por los estudiantes caninos para devolverlos a su casa. Luego de un día de juegos con alrededor de 75 compañeros peludos, y con la lonchera vacía, Jerónimo regresa a su hogar para enseñarle a sus dueños los trucos aprendidos y para seguir disfrutando de los mimos y caricias de su nueva familia.

¡Perros al colegio!
Si piensas mandar a tu perro al jardín de canes, estas son otras opciones en algunas de las principales ciudades del país:

- Medellín
La Casa del Granjero
Perros Felices

- Cali
Corre-caninos
Guardería Canina Villacanes

- Bucaramanga
Play Dog

- Pereira
High Beri Land

- Barranquilla
Club Campestre Prados Caninos
¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.