Carolina Acevedo: "El amor por los perros lo llevo en la sangre"

Juana, Iafa y Blake. Esos son los tres perros que hacen parte de la familia de Carolina Acevedo. Cada día con ellos trae consigo risas, juegos, mimos y alguna que otra travesura.

Nunca se imaginó que lo de la actuación era lo suyo. De hecho, su sueño profesional era ser una muy buen odontóloga. ¿Qué pasó? Que un día, en un centro comercial, literalmente le ofrecieron un papel importante: el de Violeta para el programa De pies a cabeza. A partir de allí, ha hecho parte del elenco de novelas tan exitosas como Francisco el matemático, Pobre Pablo y actualmente, La Ley del corazón, de RCN Televisión. También ha participado en obras de teatro, series web y películas. Su talento no tiene límites. Además de ser una apasionada por la actuación, Carolina se declara a sí misma como fiel amante de los animales. De hecho, le contó a la revista 4Patas que no se imagina su vida sin perros, gatos o garabatos. Por estos días, la actriz vive enamorada de sus tres mascotas: dos perritas de raza bichón habanero y un doberman. Esta es su historia.

¿Hace cuánto llegaron estas mascotas a tu vida?

La primera en llegar fue Juana la loca, hace tres años. Realmente, todo comenzó porque Martín, mi hijo, empezó con el cuentico de que quería un hermano. Nosotros conocimos esta raza a través de un amigo de mi esposo, que tiene un criadero de perros y nos encantó. Es ‘familia’ de la raza shih tzu; son perros falderos y muy tiernos. Luego, mi hijo siguió con el cuentico del hermanito y llegó Iafa. Y hace poco, llegó Blake, un doberman flacuchento ‘patilargo’. Tiene siete meses y es de exposición, ¡ha ganado como cuatro competencias!

¿Y cómo interactúan los tres?

Juana no voltea ni a mirar a Blake, pero Iafa sí juega con él todo el día.

¿Te hacen travesuras?

Estas dos, a quienes yo llamo de cariño trapero y traperito se comen las mariposas de un cuadro que tengo en la entrada del apartamento. Y son bien traviesas. Cuando las dejamos solas se orinan siempre en el mismo punto. Cuando estaban chiquitas, me dañaron a punta de mordiscos y arañazos varias mesas decorativas. Blake era tremendo cuando cachorro; él tiene una rutina totalmente distinta, porque al ser un perro de raza grande, necesita mucho espacio para correr.

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¿Los sacas a pasear a los tres?

Ellas dos no salen mucho. Este apartamento es grande, tienen espacio. Son como las reinas de la casa; perritas falderas que van detrás mío para todos lados; duermen todo el día o juegan entre ellas. Además, Iafa se pone muy nerviosa cuando la sacamos al parque, no le gusta. Blake sí sale a la finca de jueves a lunes y también tiene rutinas de entrenamiento para ganar músculo. Hay que sacarlo como cinco veces al día para que se entretenga y juegue en el parque.

¿Cómo se la llevan con tu hijo?

Matías ama a sus perros. Lo primero que hace cuando llega del colegio es ponerse a jugar con ellos. Desde pequeño, le enseñamos a amar a los animales. El amigo de mi esposo, que te digo que tiene un criadero, tiene perros doberman y matías desde chiquito se sentaba a parchar con esos perros. Nunca les tuvo miedo, a pesar de su tamaño.

¿Y cuál es tu historia con las mascotas? ¿Siempre tuviste animales en casa?

Toda la vida tuve perro. Bueno, de hecho, muy chiquita hasta tuve una ardilla cuando mi papá hacía el rural en un pueblo del Tolima. Cuenta mi mamá que la ardilla dormía en el borde de mi cuna y evitaba que cualquiera se me acercara. Un día un gato la lastimó y tocó sacrificarla. Después, cuando tenía diez años, tuve un pastor alemán, Dick. Me acuerdo que yo me metía a dormir a su casita y el perro se sentaba afuera para no dejarme salir. Fue toda una tragedia cuando se murió porque lo tuvieron que inyectar, estaba muy viejito. Lloramos mucho y lo enterraron en el cementerio para perros con una chaqueta de mi papá. Por eso digo yo que esto es amor de toda la vida. Yo creo que ese amor por los animales lo llevo en la sangre. Mis papás me acostumbraron a eso y en una finca tuvimos tortugas, pececitos, hasta caballos.

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¿Hay algún perro en particular que recuerdes?

Lorenzo. Era un bóxer negro con pecho y patas blancas. Vivió conmigo en mi apartamento de soltera, pero uno tiene que tener a alguien que cuide al perro cuando vive solo, así que finalmente se fue a vivir con mis papás. Luego, tuvo hijos, y cuando murió quedó uno de esos cachorros: Paco. Por esa época también tuve una gata: Ramona. Viajé a París un año y cuando regresé, mis papás no me la quisieron devolver.

¿Cuáles son esas enseñanzas que te dejan los perros?

No hay mejor amigo que un perro o un gato. Los gatos son los que te quitan las malas energías; ellos saben que estás enfermo, triste o feliz. Los animales, en general, son como un miembro más de la familia. Yo no concibo mi vida sin un animal. Siempre están ahí cuando uno necesita amor. ¿Quién se pone más feliz cuando yo llego a mi casa? Mi hijo ni me mira, mi esposo me dice: ‘qué hubo, qué más’, pero ellas sí se ponen felices. Yo, personalmente, no confío en una persona que no quiere o que no le gustan los animales; entiendo que hay gente a la que le molestan las babas o los pelos, pero esos que dicen que odian a los perros, dejan mucho que desear. Eso sí, es difícil mantener un perro. Implica mucha responsabilidad; por ejemplo, es un problema cuando uno se va de vacaciones ¡y no sabe qué hacer con ellos!

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Ya que lo mencionas, ¿cuáles son esos tips para el cuidado de los perros en vacaciones?

Lo primero es saber bien dónde los van a dejar, porque uno oye muchas historias de perritos que se pierden, en fin. Yo por ejemplo nunca los he dejado al cuidado de un caminador, ni un solo día. A Blake, el entrenador de la exposición lo saca el tiempo necesario. Es importante que el dueño sepa en dónde y con quién va a dormir su mascota, ya sea una guardería, un colegio o un amigo, porque a ellos les duele que uno los deje por varios días. Hay que conocer el sitio y el personal. Una vez Blake llegó con una alergia; quien sabe dónde durmió mi pobre perro. A ellas dos las dejo siempre donde unos amigos y sé que hasta duermen con ellos en la cama, así que no me preocupo.

¿Cambian los cuidados para ellas dos y Blake?

Totalmente. Mis perritas son tapetes, son falderas, pero los perros grandes, más que compañía, necesitan de espacios amplios para correr y tener libertad. Yo siento que desde que llegó Blake la responsabilidad es mayor. Uno no lo puede dejar aquí mucho tiempo solito. Tiene que comer comida especial, no puede irse para una guardería todos los días porque se adelgaza y tiene que mantener sus músculos. La piel, el champú que le aplicamos, la peinada, todo es diferente. Se requiere de mayor dedicación. Matías quería un perro de esos, se lo regalaron y yo dije: ¡bienvenido! Después de unos días, me arrepentí porque me tocaba bajarlo a las 10 p.m., pero hoy en día me turno con la señora que nos ayuda en la casa.

No entiendo a las personas que dicen que está mal comparar a un perro con un hijo. Es verdad. Un perro es como un hijo que nunca crece. Ellas, en cambio, no necesitan tanto. Tienen sus pads, entonces hacen pipí ahí. Las peino de vez en cuando y cada quince días vienen a bañarlas.

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¿Qué piensas de la adopción?

Hay muchos perros que necesitan un hogar, pero también creo que todos los dueños deberían esterilizar a sus mascotas cuanto antes. Yo siempre he dicho que los callejeros son más agradecidos. Ya hoy no adoptaría, tengo el cupo full, pero lo habría hecho. Una tía mía que vive en México, tiene su propia fundación. Ama a los perros y los recoge de la calle. ¿Ves? Es de familia.

 

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