Del miedo al amor, solo hay un perro

Daniel Noguera, uno de nuestros más juiciosos lectores, quiso compartir con nosotros la historia de cómo superó su temor a los perros.

Hace año y medio, Tomás, el hermano de Daniel, quiso tener un perro. Lo que al principio parecía un cuento de espanto, se convirtió, con el tiempo, en una historia de amor. Hoy, Daniel –de 11 años–, no solo es el mejor amigo de su mascota, sino de todos los perros.

¿Por qué les tenías miedo a los perros?
Una vez, mientras corría por un parque, un perro grande me empezó a perseguir. Me caí y el perro me pasó por encima. Yo tenía seis años. Desde entonces empecé a tenerles mucho miedo. Si veía alguno cerca, me alejaba enseguida.

¿Cómo conociste a Lacho?
Mientras estaba en un restaurante con mis papás y mi hermano, nos dijeron que si queríamos tener un perro, que en Medellín había uno lindo y de una raza rara; que era fuerte, pero no grande, y como nosotros siempre vamos allá a fin de año, pues nos quedaba perfecto. Ese diciembre lo vimos por primera vez. Era superchiquito, como del tamaño de dos manos, y muy blanco, con una manchita negra en el lomo.
Cuando nos fuimos, porque ya se estaba haciendo tarde, él se quedó junto a la reja y empezó a llorar. Entonces dijimos: "Ese tiene que ser".

¿Qué pensabas sobre tener un perro en la casa?
Aunque me parecía chévere, también me daba miedo.

¿Cómo fue la llegada de Lacho?
Cuando llegó, Lacho estaba muy asustado. Temblaba. Me di cuenta de que él tenía más miedo que yo. De todos modos, al principio no me acercaba mucho. Fue una cuestión de tiempo. A medida que lo conocía, fui ganando confianza y no solo frente a él, sino a todos los perros. Lacho es brusco, pero ya lo conozco bien. Por ejemplo, a veces se lanza a morderme la mano, pero en realidad no quiere morderme; no aprieta sus dientes, solo pone su boca ahí y ya, como por jugar.

¿Qué sientes que has aprendido?
Mucho. Ahora si hay un perro, salgo y lo acaricio. Juego tranquilo.

¿Qué les dirías a aquellos que les tienen miedo a los perros para que, al igual que tú, lo superen?
Que tengan uno y que sea grande. Los perros grandes a veces son un poco bruscos, pero uno aprende a dominar y controlar su fuerza. Hay que saber que buena parte de las veces no quieren hacerte daño, solo jugar contigo. Si le pierdes el miedo a un perro grande, les pierdes el miedo a todos.

Si quieres compartir tu propia historia o anécdotas de cómo superaste el miedo por tu perro, por favor, ¡Escríbenos al correo revista4patas@semana.com!
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