En abril de 2006, fecha del cumpleaños número 20 del joven cantante y del número tres de la pequeña labrador, Camilo y Abril se encontraron por primera vez. En abril de 2006, fecha del cumpleaños número 20 del joven cantante y del número tres de la pequeña labrador, Camilo y Abril se encontraron por primera vez. Foto: 4Patas.com.co

La luz de sus ojos

La experiencia de éxito del ganador de La Voz Colombia 2013 no sería la misma sin la presencia de Abril. Esta es la inspiradora historia del perro guía que se convirtió en la vista del, ahora, reconocido cantante.

De un momento para otro, a Abril y a su mejor amigo les cambió la vida. Ensayos, escenarios, jurados, flashes y muchos aplausos se convirtieron en parte del día a día de esta labrador negra que llega a sus 10 años de edad con la satisfacción del deber cumplido.

En agosto de 2013, Abril ingresó, algo tímida pero también serena, al programa del Canal Caracol que premia a la mejor voz del país; y así, con la misma compostura, salió en diciembre por la puerta grande. No fueron su habilidad para cantar ni su talento musical las que la llevaron a la fama, sino su trabajo como lazarilla, una labor ardua que viene desempeñando desde hace ocho años con el fin de orientar a su gran compañero de vida, Camilo Martínez, triunfador de La voz Colombia.

Camilo es paisa, cantante de rancheras, amante de los idiomas, de conocer nuevas culturas, de la gastronomía y de la tecnología. Abril prefiere jugar con pelotas y peluches, la vida tranquila de su casa de campo en Envigado y las galletas. El cantante, que nació de tan solo cinco meses, perdió la visión en la incubadora debido a un exceso de oxígeno que terminó por quemarle el nervio óptico y la retina. Por su parte, ella fue entrenada desde pequeña como perro guía, recibiendo la misión de convertirse, algún día, en el bastón y seguridad de un ser humano ciego.

Un encuentro perfecto
En abril de 2006, fecha del cumpleaños número 20 del joven cantante y del número tres –21, en términos perrunos– de la pequeña labrador, Camilo y Abril se encontraron por primera vez. Como una extraña jugada del destino, el nombre del mes de la primavera se convirtió en algo más que una simple coincidencia.

Abril guía a su amo gracias al entrenamiento especial recibido en la Fundación Colombiana para el Perro Guía Vishnú del Cyprés. “Es una escuela maravillosa que entrega 10 perros guías al año. Yo entré en el sorteo porque hay más de 500 solicitudes anuales. Gracias a Dios, se me dio la oportunidad de tener a Abril conmigo y ha sido un cambio total”, dice Camilo con emoción.

Para el artista, su relación con ella puede describirse como una conexión única y difícil de comprender para los demás. “Un perro guía siempre va a cubrir tu seguridad de hombro a hombro. Él mide tu altura. Yo le pongo un arnés y ella me avisa dónde hay escalas y esquiva los obstáculos”.

El dúo dinámico ha sabido sortear dificultades que no tienen que ver propiamente con la discapacidad de Camilo sino, más bien, con el escaso conocimiento que aún existe en el país frente a los perros guías. El transporte en taxis, por ejemplo, ha sido uno de los retos. Algunas de las anécdotas incluyen conductores enfurecidos por tener que trasladarlo con un perro, e incluso, algunos que se han negado rotundamente a hacerlo, desconociendo la ley.

El uno para el otro
Abril y Camilo han sabido llevarse de manera ejemplar, tanto que han compartido múltiples viajes dentro de Colombia, así como en Europa, República Dominicana y Estados Unidos, país en el que el cantante grabó unos de sus cuatro discos: Camilo Martínez Live.

“Ella es muy respetuosa. Le encanta recoger lo que se me cae porque sabe que le doy una galleta como premio. A veces, cuando estamos desempacando la maleta después de un viaje, ella saca cosas y me las entrega, como quien dice ‘vea, esto se le cayó’, y yo le digo ‘no señora, a mí no me va a engañar’. Es como un ser humano, solo le falta hablar”, cuenta Camilo recordando muchas de sus aventuras juntos.

“Un perro guía no es una mascota”, repite el artista en contadas ocasiones. Aunque Abril es amigable, no es un perro para ser acariciado durante las jornadas de trabajo y, por el contrario, sí tiene permitida la entrada a toda clase de establecimientos, desde bancos hasta clínicas. Aunque sabe que puede pasar por antipático, insiste en que no le jueguen en sus horas laborales, pues todo esto puede causarle distracciones y estrés.

Camilo puede confiar plenamente en Abril. Como él mismo se ha dado cuenta, ella es capaz de sentir las malas energías de la gente. A la labrador no le gustan los humanos que cargan armas, ante ellos empieza a gruñir o a ladrar, dejando ver un lado poco común de su manera de ser.

Un dueto estelar
Dispuesta a darlo todo, esa fue la actitud de Abril durante las largas jornadas de La voz Colombia. “Eran esperas larguísimas, desde las seis de la mañana hasta las ocho de la noche, cuando cantaba. Ella siempre estuvo paciente, tranquila y juiciosa”, narra Camilo, quien siempre permaneció atento para que sus comidas estuvieran listas a tiempo y para que su perrita pudiera sentirse cómoda.

Maquilladores, encargados de vestuario y entrenadores, todos amaron a Abril. Con 70 años de vida perruna encima, la valiente canina subía seis pisos alrededor de unas cuatro o cinco veces al día. “Alguna vez se le inflamó una articulación de la pata y tuvimos que darle reposo; sin embargo, fue un proceso muy bonito porque ella nunca se rindió”, afirma.

A puertas de la jubilación
Después de casi 10 años de trabajo dedicado, y como debe suceder con todo perro guía, Abril está a punto de retirarse. Desde el momento de la finalización del concurso, inició un proceso paulatino de jubilación, teniendo cada vez menos responsabilidades y menos carga laboral.

“Tiene que ser lentamente, no le puedo quitar el trabajo de una sola vez porque se puede morir”. Y es que en una ocasión anterior estuvo a punto de perder la vida por la ausencia prolongada de su amo. En marzo de 2013 fue operada de dos tumores cancerígenos que se presentaron en su pata y cerca del cuello. Mientras se recuperaba, no pudo viajar a una gira que realizó Camilo por Estados Unidos y empezó a perder peso, deprimirse, y hasta a convulsionar. “Se puso muy mal, no quería comer, no podía caminar. Cuando yo llegué de la gira le cambió la cara y empezó a mejorar. Hoy está sana para disfrutar su jubilación y terminar su vida bien”, afirma el artista.

Después de un largo viaje juntos, Camilo solo tiene palabras de agradecimiento para su consentida labradora, y añade: “Ahora que le quito el arnés libero mi alma con ella también. Sé que se va a sentir más libre, pero a la vez sé que va a extrañar salir conmigo. Le digo que le entrego mi alma y que solamente le puedo pagar con mi vida”.

Mientras otro perro guía será asignado a su dueño, Abril se quedará en su casa como mascota y como lo que siempre ha sido: parte de la familia. Para ella vienen más horas de juego y sueño, más tardes en el prado de la finca y más caricias por parte de la gente que la rodea. Para Camilo vienen tiempos de hacer más música y la labor de continuar llevando un mensaje que se ha propuesto comunicar en todo el mundo: “Debemos aprender a ver con los ojos del alma”.

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