Animales en la cárcel

Un estudio del criminólogo Hans-Dieter Schwind de la Universidad de Osnabrück demuestra que la presencia y cuidado de animales de compañía en las cárceles ofrece resultados positivos en criminales juveniles.

Es un hecho mundialmente conocido el que un animal de compañía cambia a una persona. Las mascotas, sin quererlo, hacen que sus dueños adquieran responsabilidad, compromiso, y sobre todo, crean un lazo afectivo mucho más poderoso de lo que la gente que no posee mascotas puede llegar a entender.

Un animal doméstico no sólo es un ser querido cuando se adopta en una familia. También es una terapia. Un tratamiento que, según un estudio del criminólogo profesor de la Universidad de Osnabrück Dr. Hans-Dieter Schwind titulado Tiere im Strafvollzug (Animales en el régimen penitenciario alemán), puede perfectamente adaptarse a entornos mucho menos acogedores que el hogar privado: las cárceles alemanas.

La terapia de los animales se enfoca de manera especial hacia el perfil de criminales jóvenes: “La terapia pedagógica basada en animales promete resultados positivos, ante todo, en casos de jóvenes encarcelados, puesto que en este tipo de prisiones se reúnen de forma desproporcionadamente frecuente jóvenes con problemas de conducta y de desadaptación social”, expone el profesor Schwind en su estudio.

El objetivo de esta curiosa terapia es, principalmente, provocar en los jóvenes sentimientos y sensaciones a los que son ajenos por medio del contacto y la familiaridad con los animales. En concreto, para el doctor Schwind son seis las principales metas a lograr por medio del uso de animales como “compañeros terapéuticos”.

En primer lugar, “la reducción de sentimientos negativos”, como el aislamiento, la monotonía y la depresión, detonante incluso de comportamientos suicidas. El segundo punto se refiere a “la construcción de un sentido de la responsabilidad para con el otro”: entender la necesidad de cuidados del animal, cuidarlo y darle atención. “El fortalecimiento del lazo afectivo a través del diálogo no verbal” es otro de los puntos principales.

En la misma línea siguen los tres últimos puntos: “la promoción de habilidades sociales” como la paciencia o la tolerancia de la frustración, “la mejora de la accesibilidad para los demás” por medio, por ejemplo, de actividades dinámicas grupales, y un “aprovechamiento significativo del tiempo libre” a través de la posibilidad de pasarlo con las mascotas.

Aunque en Colombia aún no se ha implementado esta terapia, países como Estados Unidos y Alemania ya la realizan en sus cárceles.

Fuente: DW

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