Cuándo darle el sí a la eutanasia

Si tu perro o gato está mal de salud y te aconsejan que le hagas la eutanasia, te contamos cuando darle el sí a este procedimiento.

Hablar de eutanasia sigue siendo un tema que genera diferentes puntos de vista que pueden diferir frente a la decisión de terminar con la vida, y al tratarse de nuestras mascotas a veces también resulta un tema que hay que saber abordar y darle el manejo adecuado.

¿Qué es la eutanasia?

Es necesario entender el término, que aunque raramente utilizado se empezó a emplear a mediados de la década de los 50’; si bien, los eufemismos tales como “sacrificar”, “destruir”, “acabar” o “adormecer” eran las palabras más utilizadas para referirse a la muerte de un animal “de forma humanitaria” (CCPA, 1998). No obstante, en nuestro medio, estos términos son empleados con frecuencia por parte de los propietarios de mascotas.

La palabra eutanasia, se deriva de los términos griegos “eu” (bueno) y “thanatos” (muerte) cuyo resultado es “muerte sin dolor o buena muerte”. Esta definición no solo hace referencia al hecho etimológico de morir bien, también entra en ella el método usado para realizar la eutanasia (o eutanasiar), el cual debe ser humanitario: es decir que se debe realizar sin dolor, minimizar el miedo y la ansiedad, además de ser confiable, reproducible, irreversible, sencillo seguro y rápido. No se debe dejar de lado que este procedimiento, debería ser estéticamente aceptable para los profesionales que lleven a cabo el proceso; así como para los propietarios en caso de estar presentes (Jonsen, 2003).

En nuestro país la Ley 576/2000 artículo 19, parágrafo 2, define eutanasia en el ámbito veterinario como: “la muerte sin dolor” y podrá realizarse con la voluntad y previa autorización del usuario de los servicios o responsable del animal. Considerándose la eutanasia en Medicina Veterinaria como un recurso terapéutico y como una medida sanitaria, en cuyo caso será obligatorio. El método aplicado deberá ser farmacológicamente aceptado, humanitario e indoloro.

La mascota como paciente

Los pacientes que encuentra el Médico Veterinario difieren mucho de aquellos que enfrenta el médico “humano”, ya que no necesariamente las mascotas deben estar gravemente enfermas para que se contemple la posibilidad de realizarles la eutanasia.

El padecimiento de enfermedades degenerativas, graves e incurables; la falta de respuesta al tratamiento específico; la presencia de problemas multifactoriales y cambiantes; un pronóstico de vida inferior a 6 meses, entre otros, son el motivo principal para tomar la decisión de realizar cuidados paliativos; aunque estos deben tener un límite, el cual termina cuando la calidad de vida del paciente empieza a deteriorarse.

No se debe olvidar que más medicina, no es sinónimo de mejor medicina y que la suma algebraica de las funciones vitales, no siempre, es claramente, la vida que debemos defender (Garavito, 2011).

¿Cuándo tomar la decisión?

La responsabilidad del Médico Veterinario va más allá de pretender curar, ella tiene implícita el papel de mejorar la calidad de vida, en este caso, de las mascotas y por ende la de sus propietarios; esto no quiere decir que se prive de posibilidades de curación y recuperación, siempre que exista la alternativa.

Las razones más frecuentes para realizar eutanasia en mascotas están relacionadas principalmente con la edad (geriátricos) y con patologías oncológicas; aunque otras enfermedades también son motivo de consulta del propietario para realizar eutanasia, es el caso de las enfermedades renales, infecciones y accidentes; mientras que la eutanasia por problemas de conducta (agresividad) representan apenas el 2% (Damian, Ruiz, Acosta, & Garcia , 2012).

¿Cuál es el costo?

Los precios para la eutanasia en mascotas oscilan entre los $200 y $300 mil pesos.

En la Clínica Veterinaria de la Universidad de La Salle el costo de la eutanasia incluye dos valores. El procedimiento en sí mismo que tiene un costo de $ 28.000 y los medicamentos varían de acuerdo al peso de la mascota (por ejemplo: para una mascota de 10 kilos cuesta aproximadamente $40.000).

Otro elemento que hay que tener en cuenta es la disposición del cadáver. En la Clínica Veterinaria de la Universidad de La Salle, la necropsia que es obligatoria, tiene con un costo de $68.000. También se puede optar por el servicio de exequias de una empresa externa donde ofrecen cementerio o cremación individual o colectiva.

La regulación

La sociedad mundial para la protección de los animales, ve viable y acepta, que la eutanasia es necesaria cuando un animal está sufriendo debido a una enfermedad o herida incurable o cuando un animal presenta un riesgo significativo para la salud y la seguridad humana o de otros animales, a causa de enfermedad o de comportamientos aberrantes.

La legislación colombiana, reglamenta los procedimientos de eutanasia en Medicina Veterinaria, mediante la Ley 576/2000; la cual en su Artículo 19 establece que: “La cronicidad o incurabilidad de un caso no constituye motivo para privarlo de asistencia profesional, sin embargo, tales circunstancias permiten al profesional aplicar la eutanasia”, adicionalmente el parágrafo 1 de este mismo artículo, también establece que: “igual procedimiento podría aplicarse como medida sanitaria en caso de enfermedades zoonóticas, que comprometan la salud pública o constituya fuente de propagación de enfermedades transmisibles o exóticas para animales”.

La decisión de realizar o no el procedimiento de eutanasia, es exclusiva del propietario de la mascota, aunque debe ser consultada con el Médico Veterinario tratante. No obstante, este puede negarse a realizar la eutanasia (Rolling, 2002); aduciendo un conflicto ético y moral; muy pocas veces tenido en cuenta, pudiendo llevar a dificultades con el propietario, ya que se estaría violando la autonomía del mismo (Morgan, 2007).

El profesional veterinario, siempre se ve enfrentado a una serie de interrogantes que hacen más compleja la decisión de “eutanasiar”; tales como: es o no el proceso conveniente; o más aun, solo le conviene al propietario. La premisa principal del Médico Veterinario, no solamente es ofrecer cantidad de vida, sino una razonable calidad de la misma.

Es indispensable que los propietarios tengan el tiempo necesario para que interioricen la información y puedan de esta forma avalar el procedimiento. Es conveniente y humano, que el profesional a cargo del proceso muestre empatía y discuta de forma clara los factores que condujeron a la decisión, explicar exactamente lo que implica, incluyendo la disposición final del cuerpo y algo muy importante no juzgar el motivo por el cual, el propietario tomó la decisión.

Programar el procedimiento, no solo, da tiempo para realizar bien las labores inherentes al acto, además esto permite que el duelo sea más llevadero y se pueda obtener el consentimiento informado por escrito.

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