Problemas de salud, cambios en el entorno y situaciones de estrés son algunas de las causas que pueden generar pérdida de apetito en un perro. Problemas de salud, cambios en el entorno y situaciones de estrés son algunas de las causas que pueden generar pérdida de apetito en un perro. Foto: 4Patas.com.co

¡No quiero comer!

La pérdida de apetito en un perro se convierte rápidamente en una gran preocupación para su amo. Sin embargo, esta puede obedecer a una gran variedad de causas, desde inconvenientes de salud hasta temas de comportamiento o factores del entorno.

Aun cuando tu mascota no puede hablar, seguro entiendes muchas cosas de su comportamiento, así como ella del tuyo. Si bien los perros no tienen la capacidad de expresarnos verbalmente lo que les está pasando, sus acciones cotidianas –y, sobre todo, las alteraciones en las mismas– se convierten en señales que no debemos pasar por alto. Dentro de estas, una de las más frecuentes es la disminución del apetito, o inclusive el rechazo de los alimentos, un problema que puede responder a causas diversas.

Aquí te presentamos algunas de las más comunes. No olvides consultar con tu veterinario la mejor manera de hacer frente a esta dificultad.

Alertas de salud
Comer menos de lo usual, o dejar de comer por completo, puede ser un síntoma de problemas de salud en los canes. De acuerdo con Felipe Pérez, veterinario de la clínica Dover, “la pérdida de apetito puede estar acompañada de otros signos clínicos como apatía, vómito o diarrea. Por eso, se debe detectar si, además de no comer, presenta algún otro signo de enfermedad o si por al contrario, se debe a un cambio brusco en la alimentación o a un simple capricho de la mascota. Si pasa más de 24 horas sin ingerir nada es necesario remitirla al veterinario”.

Si tu perro va a atravesar un procedimiento médico, tomar algún medicamento o recibir una vacuna, esto podría tener un efecto en su alimentación, algo que vale la pena dialogar con el especialista.

Un tema psicológico
Así como las alertas médicas deben considerarse, en muchos casos puede ser que el problema se deba a razones de comportamiento. Esta categoría abarca circunstancias muy distintas que pueden ir desde un tema netamente de entrenamiento, hasta una situación que lo expone a estrés constante. Por ejemplo, si en el momento de alimentarse, otros animales, los niños de la casa o inclusive otros adultos empiezan a incomodarlo y ponerlo nervioso, es probable que establezca una relación negativa con esa actividad. Si tienes dos mascotas, es importante que realicen esta actividad por separado.

Para Pérez, “cualquier situación que pueda generar estrés en una mascota puede contribuir a la pérdida del apetito. Esto no ocurre en todos los animales. Existen algunos más predispuestos que otros, sobre todo los que son muy apegados a sus propietarios”, es decir, que también puede estar relacionado con un caso de ansiedad por separación. Está comprobado que los perros de razas pequeñas, tales como el yorkshire terrier, el westy, el pinscher o el poodle toy son más propensos a manifestar la falta de apetito y el síndrome de ansiedad por separación, precisamente porque a menudo son consentidos de más por sus dueños.

Cambios en el entorno y la rutina
Un buen ejercicio es revisar cambios recientes en tu hogar que puedan haber afectado a tu mascota causándole cierta ansiedad; esto puede ir desde una mudanza –que implica adaptarse a un entorno que le resulta extraño– o la llegada de nuevas personas o animales, hasta detalles sencillos como el plato en el que se le sirve la comida, que puede ser incómodo, el lugar en el que recibe el alimento o la hora a la que lo hace. Un ejemplo claro ocurre si el perro come menos cuando están de vacaciones, ya que cambian las condiciones a su alrededor.

Problemas con el alimento

Similar a lo que ocurre con los humanos, puede ser que la razón para no comer sea el desagrado frente a lo que se le está ofreciendo. Aunque esto puede ser un tema de adaptarse a los cambios, en muchos casos, el perro puede estar indicando que la comida que tiene en frente no es la más adecuada o, inclusive, que no se encuentra en buen estado y podría hacerle daño –por eso es importante no obligarlos–. Asesórate de un veterinario cuando vayas a realizar cambios en su concentrado y, para facilitar el proceso, hazlo paulatinamente.

Sobre este proceso, Pérez agrega: “Los cambios bruscos pueden generar problemas gastrointestinales en las mascotas. Si se desea probar un nuevo alimento, se recomienda hacerlo gradualmente, comenzando a mezclar los concentrados, para luego ir disminuyendo el habitual e incrementando el nuevo. Esto debe realizarse en un periodo de dos semanas”.

Barriga llena…

También puedes considerar si la razón por la que tu perro no termina su plato de comida, es porque ya ha recibido el alimento que necesita de otras partes. ¿De dónde? Para empezar, puede que hayas exagerado en las galletas o pequeñas recompensas de alimento que le das para felicitarlo. También puede ser que, a tus espaldas, esté apoderándose de algunos alimentos de la cocina o de otros que has dejado por la casa. Otros ‘culpables’ pueden ser familiares o vecinos, que lo consienten con deliciosos regalos.

En perros mayores

Conforme tu mascota va envejeciendo, requiere de mayor atención para mantener una nutrición saludable. Como parte de un proceso normal, sentidos como el olfato y el gusto pueden verse afectados, lo cual conlleva a poco apetito. También puede ocurrir si tienen un problema dental que, aunque tengan muchas ganas de comer, la experiencia les cause dolor o irritación.

¿Cuánto es suficiente?
Si tu perro, con frecuencia, deja parte de la comida que le sirves, es importante que consultes con un veterinario si las cantidades que le estás dando son las apropiadas. Recuerda que las porciones deben corresponder con elementos como raza, tamaño o edad del perro. Esto es muy importante porque, así como comer menos le hace daño, un exceso en el alimento puede llevar a otro tipo de problemas.

En esto concuerda Pérez, cuando dice que “el concentrado debe ser considerado dependiendo del tamaño y edad del animal. Los primeros 3 meses de vida, la mascota debe ser alimentada cuatro veces al día, de los 6 a las 12 meses, tres veces al día, y en la fase adulta, dos. Cada alimento tiene propiedades distintas y deben seguir el plan de alimentación indicado por cada uno de ellos, el cual se encuentra consignado en el respaldo de las etiquetas de cada uno”.
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