El hotel para perros más lujoso del mundo

El Tiny Dog Hotel cinco estrellas, una guardería y residencia de lujo para perros en Marbella (España). El Tiny Dog Hotel cinco estrellas, una guardería y residencia de lujo para perros en Marbella (España). Foto: Javier Salas

Esta es la reseña del hotel para perros donde todos quieren ir. Situado en Marbella (España), sólo admite ejemplares pequeños. La noche vale 20 euros.

Por Patricia Lozano en Fuera de Serie.

Decía el escritor checo Milan Kundera que "sentarse con un perro es como volver al Edén: es estar en paz". Quizá sea esto precisamente lo que buscan muchos dueños: devolver a sus animales un trocito de ese paraíso que les dan ellos con su compañía. El Tiny Dog Hotel cinco estrellas, una guardería y residencia de lujo para perros situada en el corazón de Marbella (Málaga), bien podría ser uno de esos oasis de felicidad canina: un entorno hogareño en el que los perros no sólo están como en casa, sino que también disfrutan de las mismas comodidades que podemos encontrar los humanos en los mejores hoteles.




Poppi, un ratón de Praga, subido a un taburete del hotel. Foto: Javier Salas.

La idea se fraguó en la cabeza de José Antonio Canales y su mujer Antoinette, los dueños de esta residencia canina, hace ya una década. Él, holandés de origen peruano, y ella, holandesa de nacimiento, decidieron vender su empresa y anidar en España, ese en el que veraneaban cada año y en el que tanto disfrutaban. "Cuando teníamos 18 años convivíamos con cuatro perros, parece que nuestro destino estaba escrito", cuenta Canales, economista de origen. Años después le regaló a su mujer a Pancho, un chihuahua. "Yo le decía: ‘¿Y cuando nos vayamos de vacaciones, qué hacemos con él?‘. No había ningún sitio en el que pudiéramos dejarlo y nos surgió un problema", cuenta Antoinette. Pero este inconveniente, a su vez, les dio la solución: crear en el terreno en el que estaba su vivienda en Marbella, de 6.000 metros cuadrados, un hotel de lujo para perros pequeños (de hasta ocho kilos). Y con esta idea en mente, se pusieron manos a la obra: acondicionaron la casa y los jardines, cerraron una terraza para cederles un espacio dedicado en exclusiva a ellos e instalaron cámaras para tenerlos vigilados.

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Pronto obtuvieron la licencia y empezaron a recibir a los primeros perritos. "Al principio empezamos sólo como hotel para cuando la gente se iba de vacaciones, pero nos fijamos en el modelo estadounidense, donde están muy extendidas las guarderías, que tienen mucha más importancia aún que el alojamiento nocturno. Ahora este servicio está subiendo mucho: gente que trabaja o que tiene que hacer cosas fuera de casa y no cuenta con demasiado tiempo para atenderles, pero tampoco quieren dejarles solos todo el día", cuenta el dueño de Tiny Dog. También es habitual el servicio de larga distancia, en el que algunas mascotas pasan incluso meses en la residencia. "Tenemos clientes chinos que tienen que ir temporadas a trabajar a su país y prefieren dejarlos aquí", dice la propietaria. Porque un elevado porcentaje de sus clientes, aproximadamente la mitad, son extranjeros residentes en esta zona malagueña. "Empezamos con muchos ingleses. Antes a los españoles les costaba más, pero empieza a no importarles gastarse el dinero en darle lo mejor a su perro. Incluso hay quien viene de otras provincias andaluzas, de Murcia o Gibraltar", explica Antoinette.


Dos "chihuahuas" disfrutan de un relajante baño de espuma y ozono con aromaterapia. Foto: Javier Salas.

Arrancaron el negocio ellos dos solos y estuvieron así durante siete años. Poco a poco, crecieron hasta convertirse en lo que son hoy. Ahora, con la ayuda de tres cuidadoras, un peluquero y un paseador que también hace las labores de jardinero, dan cabida a una treintena de perros pequeños. En un país en que los dueños de mascotas gastan en ellas unos 1.200 euros de media (la mayor parte, 780 euros, en alimentación), en verano y en Navidad tienen overbooking por las vacaciones, aunque, según cuentan, la ocupación es casi completa todo el año. Tanto crecieron que en el año 2016 les incluyeron en la Guía Luxury, la guía del lujo y la excelencia.


Un "west highland terrier" sale de su minisuite, donde ha estado comiendo momentos antes. Foto: Javier Salas.

Paseos por la playa

Pasar un día en el Tiny Dog Hotel es como estar en un resort de lujo. La jornada arranca con el pet taxi, un coche que recoge y devuelve al perro a su hogar para que el dueño no tenga que preocuparse de su traslado. Allí, un espacio acolchado y abierto en el maletero, bien sujeto con arneses, les espera para llevarlos a la residencia. "Ya antes de llegar se ponen a ladrar como locos porque saben que están cerca", cuenta Antoinette. Y así es. El coche se para, se abre el maletero, saltan y se ponen a rascar la puerta de entrada al recinto. "Una vez dentro, ya ni se acuerdan de su dueño. Esta es la mejor muestra de lo mucho que disfrutan", continúa.


Lucía, una de sus cuidadoras, juega con los animales todo el día. Foto: Javier Salas.

Lo primero que les espera nada más llegar es el paseo matutino, en el que José Canales y su ayudante recorren junto a sus acompañantes peludos cinco kilómetros por la playa. "Los que van de caminata son los perros que están en forma. Los que están más gorditos, son mayores o demasiado pequeños no lo aguantan", cuenta Antoinette, aunque si se animan a probar y se cansan en mitad del camino, ella les recoge en coche. "El ejercicio es fundamental para ellos, les ayuda a liberar energía y a relajarse", prosigue. Los viandantes y turistas que se cruzan con el grupo sonríen y les hacen fotos. Resulta una estampa llamativa poco habitual en España, pero mucho más en otros países como EEUU. De vuelta al hogar, es el momento de descansar en el jardín en verano y en el patio cubierto con estufas en invierno, siempre bajo la atenta mirada de sus cuidadoras. Allí, cómodos sofás y originales camas chill-out en forma de huevo les esperan. También cuentan con una cinta de correr, por si la climatología adversa impide el paseo matutino o alguno de los perros está especialmente nervioso.

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Llega la hora de comer y cada uno tiene su momento de intimidad en su minisuite, todas con una pizarra con su nombre puesto, porque en este lugar no hay jaulas. "Comen ahí porque queremos estar seguros de que se alimentan bien". A continuación, una pequeña siesta, juegos en el jardín o aqua gym en la piscina en verano. Mientras tanto, Antoinette toma fotos y se las envía a los dueños que las solicitan. Además, tienen un teléfono y un mail del que están pendientes para responder a los dueños que preguntan por sus pequeños siempre que quieran. El cuidado diario también incluye limpieza de ojos y cepillado. Y para quien lo solicite, está el servicio de spa: un baño de espuma con ozono (para eliminar los posibles bichitos) con aromaterapia y un champú específico para cada tipo de pelo. De ahí pasan a la plataforma de peluquería, donde les secan y les peinan.


Un "beagle" en la cinta de correr, que se usa cuando alguno de los perros está nervioso y necesita descargar energía. Foto: Javier Salas.

Para los recién llegados es una experiencia nueva y algunos se inquietan al encontrarse en un lugar nuevo sin sus dueños. Por ello Canales se sienta con ellos en el jardín y les hace un tratamiento de reiki. "Lo aprendí hace 20 años y lo empleo con los perros estresados. Les ayuda a superar sus temores". Mientras muestra cómo lo hace, recuerda un caso especialmente llamativo: "Hace unos años, una familia japonesa trajo un chihuahua para pasar aquí seis meses. El animal vivía en un apartamento pequeño y pasaba la mayor parte del tiempo en un balconcito. Cuando llegó aquí tenía miedo y no quería salir de su rincón ni relacionarse", cuenta. Canales se puso manos a la obra y le dio reiki todas las mañanas: a los tres meses ya brincaba con todo el grupo, como uno más.

Al llegar la noche, cada uno va a su minisuite interior (nunca duermen en el exterior), en la que le esperan su cama, sus juguetes y su bebedero. O de vuelta a casa en el pet taxi. Pasar una noche en el hotel cuesta 20 euros y el servicio de guardería 18 todo el día y 10 media jornada. El precio del baño de ozono para dejar al perro limpio y guapo es de 12,50. Pero si lo que quiere es darle un capricho a su mascota, la jornada de spa y mimos incluye todo por 45 euros. José Canales cuenta que su servicio de reiki es gratuito porque cobrar por todo no es su filosofía. Lo mismo ocurre con su servicio de adiestramiento a domicilio y el de transporte, aunque si es lejos de Marbella se paga por kilómetro para cubrir los gastos de gasolina. "Lo que ofrecemos son extras con los que excedes las expectativas de los clientes", asegura.

Un lugar diferente


Dos "shih tzu" descansan en la terraza cerrada del hotel habilitado para ellos. Foto: Javier Salas.

José Canales y Antoinette conocen muy bien a todos sus clientes, aunque no tanto por su nombre como por el de sus mascotas: Benji, Leo, Alfie, Lily, Loy, Ozzy..., hasta unos 200 al año. Y no sólo eso, también saben cómo es el carácter de cada uno, sus manías y lo que les gusta comer. "El perfil de gente que trae a su perro es de clase media o media alta, pero lo que les diferencia es que quieren a su perro como si fuera su hijo y buscan lo mejor para él. Y lo mismo que hay quien se gasta el dinero en otro tipo de caprichos, otras personas lo invierten en su mascota", explica Canales. "Al animal le da igual si el sofá en el que está tumbado o el albornoz con el que le secas son de diseño. El lujo es para el ojo humano. Lo que quieren ellos es estar cómodos, calentitos y con el cariño de las personas".

Lo sabe bien Mari Carmen, la dueña de Loy, un bichón maltés que acude a la guardería desde hace ya ocho años. "Yo no trabajo, pero por las mañanas salgo a hacer recados y no quiero dejarlo solo. Aquí está como en casa, pero con más perros alrededor para que socialice, y le dan el mismo cariño que le daría yo. En este país no se puede ir con perro a ningún sitio, así que dejándolo aquí puedo hacer mis cosas sin preocuparme. Además, le dan un paseo largo que yo ya no puedo dar", cuenta. Porque los perros hablan, aunque lo hagan sin palabras, y sólo les entienden aquellos que saben escucharlos.

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