El rescate de Kira, del infierno al cielo

Andrés Ortega nos cuenta el caso de un rescate exitoso que logró de una perrita criolla a la que constantemente maltrataban en La Vega, Cundinamarca.

Casos de maltrato y abandono hay muchos. Todos los días decenas de perros y gatos son abandonados y/o maltratados solo en Bogotá. Del 15 de noviembre al 28 de noviembre, atendí seis casos, todos afortunadamente con final feliz. Pero entre Negra, Luna, Preto, Azul, Ramón y Kira, fue Kira la que me conmovió más por su dulzura, capacidad de perdón, estoicismo y ganas de vivir.

El domingo 27 de noviembre, vi entre otras muchas publicaciones de animalitos maltratados, el caso de Kira, una perrita criolla-malinois, cuyo dueño maltrataba permanentemente en una finca de La Vega, Cundinamarca. En la publicación se pedía ayuda con urgencia, ya que la última agresión, había sido con una varilla y tenía una herida abierta en la frente. Ver esa carita de dolor, tristeza e impotencia, hizo que me doliera el corazón e inmediatamente me responsabilizara de acudir en su ayuda.

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Esa noche no pude dormir, no dejaba de pensar en la carita de Kira, me preguntaba cómo hacer para rescatarla, ni siquiera sabía las coordenadas de su ubicación, ni a quién acudir para pedir ayuda. A las cinco de la mañana me levanté como de costumbre a sacar a Samantha y a Rex y mientras ellos corrian por el parque, yo pensaba en Kira. Sentía que al igual que ellos, ella merecía respeto, amor y una vida libre de crueldad.  Sentía que tenía la obligación de ir por ella, sin importar qué me tocara hacer para sacarla de allí.

Pensaba también, en que no tenía un lugar para llevarla, pues no había hogares de paso disponibles y que lo que menos quería hacer, era llevarla a un refugio. Sin pensarlo dos veces, llegué a la casa y Alexandra Torres, otra gran defensora de animales, me contactó con  quien originalmente había puesto la denuncia en las redes, el señor John Castro, un animalista que tiene una fundación en La Vega y quien ha rescatado a varios perros del mismo infierno en donde estaba Kira.

Le dije que yo saldría a las 8:30 A.M. después de la restricción y que estaría allá antes del medio día, para hablar con las autoridades competentes y hacer la aprehensión preventiva para poder traer a Kira al veterinario. John, me dijo que le avisara tan pronto llegara a La Vega. La ansiedad que sentía era tan grande, que no veía la hora de llegar.

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Llegué al pueblo y me estacioné en una bomba de gasolina junto a la estación de policía. Llamé a John y le dije que ya había llegado, que viniera para que juntos fuéramos a la comisaría, pero el me dijo “tengo a la perrita”. No pude evitar llorar de alegría y le respondí que lo esperaba en la estación.

Finalmente vi a la lejos a John con Kira, sentados al borde de la carretera, mi corazón palpitaba rápidamente, me detuve a la orilla del camino y me bajé a abrazar a Kira para luego saludar a John, quien me contó que el mayordomo le había entregado a la perrita.

Yo subí a Kira y comencé a decirle que ya estaba a salvo, que le encontraría un hermoso hogar para que nunca volviera a vivir lo que le había tocado. Ella se echó en la silla trasera y yo le tomé la patica mientras pasábamos la zona de niebla y sentí que era la escena simbólica del cambio de vida que se venía para ella, la carita le cambió inmediatamente y ¡sonrió!

Llegamos a la veterinaria de Juan Carlos Rincón e inmediatamente entramos a consulta. Kira salió conmigo a caminar un rato y volvimos para baño. Me acordé que una gran amiga, Martha Liliana Rincón y su esposo, estaban buscando darle hogar a otro perrito abandonado, la llamé y le conté lo hermosa y cariñosa que era Kira. De inmediato me dijo: “Yo la quiero”. No podía creerlo, Kira ya tenía un hogar maravilloso.

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