¿Está mi peludo demente?

En el siglo XVII, cuando el filósofo René Descartes sentencio que los animales eran “máquinas”, las personas tuvieron una excusa para tratarlos como objetos. Sin embargo, la ciencia evidencia que algunos pueden llegar a percibir emociones tales como tristeza, felicidad, miedo, ansiedad, angustia y empatía.

Uno de los objetivos de la etología es descubrir cómo la información es captada por los sentidos, enviada a través de las neuronas y modulada en el cerebro de los perros para generar una u otra conducta.

En este proceso están involucradas hormonas y neurotransmisores, como la adrenalina, el cortisol, la serotonina y la dopamina, y cualquier alteración en la actividad de estos mecanismos es llamado un trastorno del comportamiento o, en palabras coloquiales, una enfermedad mental. Aunque muchos no lo crean, es cierto: los perros también pueden padecer cierto tipo de trastornos denominados en la etología canina como trastornos de comportamiento, dentro de los cuales los más comunes son:

  • Compulsivos: Conductas que se repiten continuamente, como el lamerse los miembros, perseguirse la cola, hacer círculos, perseguir luces y cazar objetos inexistentes, entre otros.
  • Trastornos asociados a la separación: Episodios de ansiedad que aparecen cuando nuestro peludo se queda solo en casa; generalmente hay micciones, destrozos y ladridos.
  • Síndrome de privación psicosocial: Los peludos confinados o sin la posibilidad de socializar sufren de ansiedad generalizada, apatía, no exploran y pueden llegar a ser agresivos.
  • Trastornos de la alimentación: Consumo de objetos no alimenticios o heces.
  • Trastorno de estrés postraumático: Al igual que en humanos, después de un episodio de mucho miedo, podemos ver al perro inapetente, inactivo, deprimido, temeroso, irritable y agresivo.
  • Síndrome de disfunción cognitiva: Es el Alzheimer de los perros. Se caracteriza por desorientación, interacciones alteradas, ciclos de sueño alterados y pérdida de hábitos de eliminación.

Estos pueden manifestarse en cualquier raza, aunque existen factores predisponentes como fallos en la socialización temprana (de la semana semana 3 a la 12), reforzamientos involuntarios, traumas, falta de estimulación y la edad.

Para el tratamiento de estos trastornos se diseñan ejercicios específicos de modificación de conducta, pautas de manejo en casa y pautas de prevención. En muchas ocasiones es necesaria la administración de psicofármacos para tratar los desbalances de neurotransmisores, como se mencionó anteriormente. Ante cualquier inquietud, busca la asesoría de tu médico veterinario de cabecera.

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