Perros y gatos están poniendo en riesgo los humedales de Bogotá

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La presencia de estos animales afecta fuertemente a los ecosistemas y a su fauna nativa. Evalúan si la eutanasia es la solución a este flagelo.

La ciudad de Bogotá, antes de llegar al desarrollo en el que se encuentra hoy, estaba constituida en gran parte de su territorio por humedales. Actualmente, por culpa del avance de la urbe, estos espacios han sido desplazados a pequeñas hectáreas acorraladas entre edificios y vías de tránsito de personas y vehículos.

Comúnmente son confundidos con potreros, por lo que los habitantes de los barrios aledaños no prestan mucha atención a todo lo que allí acontece, como la proliferación de flora nativa y la llegada de una gran variedad de especies migratorias y de otras tantas que usan los humedales como su hábitat permanente.

Así como es ignorada su existencia, también lo son los cuidados que se deben tener para evitar el deterioro de estas zonas que benefician ampliamente a los humanos por su gran capacidad de purificación de aire y proliferación de aves que no son fácilmente avistados en una ciudad.

Por tal motivo se ha visto disminuida la calidad de los beneficios de los humedales, que antes de verse afectados, tenían la capacidad de proveer al hombre con agua dulce, alimentos y hasta materiales de construcción. También cumplían la función de contener inundaciones y la mitigación del cambio climático.

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¿Por qué están en peligro?

Como en otros casos, el humano es el causante del deterioro de estos ecosistemas en Bogotá, no solo por rellenarlos para construir sobre ellos, también por el descuido que se ha presentado por años con relación al abandono de animales domésticos.

Muchas de las mascotas que son dejadas a su suerte en la ciudad se ven obligadas a desplazarse a estas zonas, que naturalmente les otorgan los recursos básicos para su supervivencia que son agua, comida y cobijo.

Con los años, y sin ningún tipo de control poblacional, estos animales (perros y gatos) van formando manadas que ocupan cada vez más ampliamente las zonas que constituyen los humedales, interviniendo en los procesos naturales y llevando a su suerte sus actividades, cada vez más lejanas a la interacción humana.

Consultamos a Robin Andrés Poches, médico veterinario y zootecnista, con maestría en manejo y conservación de  vidas silvestres de la Universidad Nacional, quien nos entregó su opinión desde su especialidad con relación a la problemática de estos ecosistemas.

Él argumentó que los perros y gatos que se encuentran en los humedales de Bogotá no podrían comenzar a ser considerados como especies propias del ecosistema, ya que a lo largo de la historia se logró domesticarlos, separándolos de su estado salvaje y volviéndolos dependientes del ser humano.

Comúnmente estos animales que, después de domesticados, han perdido contacto con las personas, son denominados ferales o semiferales, es decir, pasan de ser dependientes de nosotros a conseguir su alimento y garantizar su supervivencia de forma autónoma, ya sea individualmente o en manada.

Ellos han llegado al ecosistema de forma accidental, lo cual los separa completamente de la fauna silvestre nativa y de las especies que llegan por migración en las diferentes temporadas del año. Por tal motivo, el doctor Robin los cataloga como una especie invasora, teniendo en cuenta la especialidad que posee en vidas silvestres.

Nos explicó que generan un impacto fuerte y negativo sobre estos espacios naturales, ya que están cazando las especies más pequeñas e impidiendo el crecimiento poblacional que permiten el equilibrio de la zona. Como ejemplo presenta el peligro al que está expuesto el Curí de la Sabana.

Fotografía: dodo Colombia

Además, pueden transmitir enfermedades a los animales silvestres como el moquillo, pulgas, garrapatas y la sarna, cuyo principal transmisor es el perro doméstico.   

Por otro lado, aseguró que los humanos también se pueden encontrar en riesgo por la propagación del virus de la rabia, que genera un porcentaje de mortandad del 99% en la persona o animal que sea infectado.

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Esto va de la mano con la falta de atención que han presentado las diferentes entidades que están encargadas de la preservación de los humedales, quienes han desatendido esta problemática al punto de generar una emergencia aún mayor.

En contraparte, fue consultado Jorge Escobar, quien es el fundador y director de la Fundación Humedales Bogotá, entidad que vela por la preservación y respeto por los humedales que se encuentran dentro del territorio distrital.

Él, desde su experiencia, identifica a los perros y gatos ferales y semi ferales como una especie invasora, que “no hacen parte del ciclo natural de los humedales y que vienen a ejercer un rol de controlar algunas especies”, de tal forma que la población de aves y roedores se ve disminuida.

Asegura que son muchas las especies invasoras las que se causan daño en estos ecosistemas y que, desafortunadamente, está demostrado que somos los humanos los principales responsables del deterioro y desaparición de los cuerpos de agua y la flora nativa.

Evidentemente la presencia de basuras y construcciones aledañas han generado la desaparición de las hectáreas de conservación y de las especies que allí habitaban, por lo que considera injusto culpar a los animales domésticos que han sido abandonados por el hombre, como los principales responsables de este grave acontecimiento.

¿Cuál podría ser la solución?

Según Robin Puches, la solución más efectiva, aunque no la más “alegre”, debe ser la eutanasia, la cual permite a las autoridades ejercer un control definitivo sin causar ningún tipo de dolor a estos animalitos que han sido obligados a rebuscarse sus recursos.

Esta estrategia está basada en la necesidad de preservar la fauna silvestre que ha ocupado estos ecosistemas desde su formación, la cual sí está en peligro de extinción por la incidencia de las que fueron en algún momento las mascotas de alguien.

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Confirmó que los perros están en plenas capacidades físicas para cazar los animales terrestres y aéreos y que efectivamente lo han venido haciendo, pero también aseveró que son lo gatos los responsables del mayor impacto, ya que son depredadores completamente capacitados y ágiles que tienen más posibilidades de tener éxito en la consecución de sus presas.

Desde sus vivencias, ha podido dar cuenta que es muy difícil volver a domesticar estos perros y gatos que han vivido por años en condiciones alejadas de cualquier persona y que el tratamiento que requieren para la resocialización genera costos que las entidades responsables no han asumido como debería ser.

Tampoco considera efectivo el atrapar, castrar y liberar a estos animales, ya que el impacto que generan seguirá latente, aunque sí se vean reducidas las manadas ya existentes.

La otra solución, propuesta por la Fundación Humedales Bogotá, está más a favor de estos perros y gatos, ya que propone generar un control sobre la población sin la necesidad de acudir al sacrificio.

Está propuesta está más enfocada a la consecución de hogares de paso que le den una nueva oportunidad de vida a estas mascotas olvidadas que , según Jorge, no deben pagar por los descuidos que han tenido las personas a lo largo de los años.  

¿Qué es un humedal?

Según la Rasmar, que es el más antiguo de los modernos acuerdos intergubernamentales sobre el medio ambiente, “los humedales son zonas en donde el agua es el principal factor que controla el ambiente, así como la vegetación y fauna asociada. Existen en donde la capa freática se encuentra en o cerca de la superficie del terreno o donde el terreno está cubierto por agua”.

En Bogotá, la Fundación Humedales Bogotá publicó en su página oficial que se identifican legalmente 15 humedales y se encuentran otros 19 que no están reconocidos dentro de la lista, por lo cual difícilmente están amparados por los planes de protección y mantenimiento que realicen la Empresa de Acueducto y alcantarillado de Bogotá, el Ministerio de Medio Ambiente y las diferentes alcaldías locales y mayor.

Fotografía: dodo Colombia

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