Salvavidas: Laura Marín y Policarpa

Cuando un ser humano adopta a un perro, no se sabe con certeza quién termina salvando a quién.

Estas son algunas de las muchas historias que recibimos de nuestros lectores y de sus mascotas rescatadas: testimonios que confirman que siempre vale la pena arriesgarnos para darle a un animal una segunda oportunidad.

En un lejano marzo, el tiempo se detuvo para mí. El mundo se tornó en un lugar oscuro. Existir se convirtió en un acto diario de resistencia. Los días eran una eterna sucesión de minutos y las noches un agobiante intento por dormir. Probé de todo, sin éxito: valeriana, meditación y pastillas. En mayo, con mis ojeras y mi espíritu anclado al suelo, pensé adoptar una mascota para hacerle frente a mi tristeza. Dos insomnios después llegó a mi puerta —y a escondidas de mamá— una perrita traída del basurero. Me miró y en sus ojos asustados vi la paz que tanto había buscado. La bañé, y mientras yo le quitaba decenas de pulgas, ella exorcizaba mi único fantasma. Lista para otra noche en vela, la llevé a mi cama. Ella pegó su cuerpo al mío, me abrazó con sus patitas y yo, por fin, saludé a Morfeo. Me despertaron la luz de un nuevo día y la promesa de recomenzar mi vida.


Foto: Laura Marín.

Esto es lo que debes hacer para denunciar un caso de maltrato animal y se haga justicia.

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