Una historia de amistad en medio de la guerra de Afganistán

The Dodo The Dodo

Quién se podría imaginar que en medio de balas y bombas se podría iniciar una amistad que perduraría por años, a pesar de que todos los pronósticos iban en contra.

Cuando una guerra ocurre, los animales resultan ser los más afectados y también los más ignorados, dado las necesidades humanitarias que surgen durante estos eventos bélicos. Aunque muchas veces no hay cabida a la alegría, esta historia da cuenta de un amor y felicidad para toda la vida.

Craig Grossi fue un Marine de las fuerzas élite de Estados Unidos. Él fue encargado en el 2009 a una peligrosa misión en el distrito de Sangin, en Afganistán. Allí fue dejado junto con su tropa en medio de la noche. Desde su arribo lo único que pudo hacer fue proteger su vida de los intensos bombardeos, por parte de la milicia Talibán.

Según The Dodo, un par de días después, terminado el hostigamiento, El soldado pudo apreciar su entorno, donde vio un pequeño perro “Con una cabezota torpe y pequeñas patas”, calmado , sin nada qué comer y en una soledad absoluta.

No te pierdas: El héroe de los gatos en el conflicto de Siria

Explicó Graig, que en la guerra es bastante inusual ver un perro solitario, ya que, seguramente para tratar de garantizar su supervivencia, los caninos andan en manada para cuidarse las espaldas y mantener al margen a los humanos. Ese perro, a pesar del ambiente hostil, se veía diferente.

“Se veía tan confiado como pequeño”, con esa tranquilidad que atrae a cualquier persona que ame los animales, pero que podía meter en problemas a la tropa, ya que está estrictamente prohibido tener contacto alguno con los perros de otros países. El soldado aseguró que hasta ese día no había tenido problemas con esa regla.  

Indignante: ISIS está usando perros bombas para atacar Mosul

Evidentemente, el pequeño, sucio y pulgoso peludo no pertenecía a nadie, tampoco parecía haber tenido contacto alguno con las personas, pero en Grossi despertó tal sentimiento de confianza, que rompió cualquier regla que le haya sido impuesta en su entrenamiento y se acercó a él con un trozo de carne seca.

Para su sorpresa, el cauteloso acercamiento resultó ser bien aceptado por el perro, quien meneó su cola amigablemente y terminó de enamorar al extraño extranjero. Muy educadamente recibió el bocado, después de que había estado buscando entre la basura del lugar sin tener mucho éxito.

Graig Grossi decidió ir más allá y acariciarlo detrás de sus orejas. La respuesta del pequeño lo hizo cuestionarse ¿cómo un animal con tan poco contacto con el ser humano podía ser tan dócil y agradecido? Lo que siguió a continuación le hizo perder la razón y arriesgarse a tener una controvertida nueva amistad.

Siendo ya la hora de  volver a su zona de seguridad,  Grossi tuvo que alejarse caminando de su nuevo amigo, con esa sensación de no saber si lo volvería a ver. Más adelante sintió un suave empujón en su pierna y se dio cuenta de que el empolvado pulgoso lo estaba siguiendo.

Cuando llegó al recinto, escuchó que otro soldado le gritó: “Looks like you made a friend”(Parece que hiciste un nuevo amigo), pero Graig pensó haber escuchado “Looks like a ‘Fred.‘”  (parece un Fred). Esa es la razón por la cual el pequeño peludo de esta historia fue bautizado ‘Fred’.

Así empezó aquella épica y extraña historia de un rescate y de amor verdadero en medio de una guerra. El campamento pronto acogió a Fred como uno de sus integrantes, pues fue imposible para los Marines resistir tanta sumisión y dulzura en tan pequeño cuadrúpedo.

Esta es la historia de Los 10 perros que cambiaron el rumbo de la historia


Ante los inminentes ataques, los integrantes de la tropa debían recorrer las calles de Sangin para acompañar a las familias inocentes, quienes estaban siendo utilizadas como escudos humanos, aprovechado que los estadounidenses no podían disparar hacia las casas civiles.

Grossi aceptó que en las noches Fred se resistía a abandonar sus nuevos dueños temporales, a pesar de que ellos sentían que sus vidas podían correr riesgo si el perro ladraba y los delataba al estar cubiertos por la presencia del enemigo. Esto jamás ocurrió: Fred no emitía sonido alguno, como si supiera que esto afectaría a su nueva manada.

“Lo amé desde el primer momento que lo conocí” dijo Graig, “pero ahora todos los otros chicos con los que estaba comenzaron realmente a apreciarlo”

Llegó el momento de la despedida y los sentimientos encontrados fueron indescriptibles, ya que se habían violado las reglas con el simple hecho de circular cerca del canino. Ellos debían volver a la base central, en donde seguramente encarcelarían a Grossi por no seguir las órdenes y no se sabe cuál habría sido la suerte de Fred.

Una noche antes de partir, cuenta el soldado, se sentó junto al perro y le preguntó: “si quieres irte de aquí, necesito una señal ”, con la esperanza de que Fred lo terminara de convencer de arriesgarlo todo por llevárselo a casa.

Al siguiente día el helicóptero llegó a recoger todos los soldados que ya tenían su equipaje al hombro, listos para abordar. En medio del ruido y el polvo que el motor generaba en la árida zona, Graig sintió un empujoncito en su pierna muy familiar. Era fred, completamente asustado, pero fiel a su nuevo dueño como diciendo: está bien, vamos.

Fred viajó en una mochila, con la complicidad de todos los otros tripulantes, quienes manejaron un bajo perfil sobre la presencia del animal, para no despertar sospecha.

“Si me descubren con él, yo podría ir a la cárcel” dijo, “y él sería sacrificado, sin duda alguna”

Al llegar a la base, Grossi logró pasar a Fred en una camioneta en la que iban pasando algunos de sus amigos. Luego se dio cuenta de la presencia de un camión de mensajería y no perdió tiempo para ir a preguntar qué podría hacer si, hipotéticamente, quisiera enviar un perro.

El empleado entendió el sarcasmo y le dijo “dame el perro” y así comenzó la travesía de Fred, quien de nuevo quedaba a la deriva, lejos de su salvador, a quien le prometieron que cuidarían de su amigo durante su ausencia. Pero el soldado no tuvo tiempo para hacer el papeleo e indicar la casa de sus familiares en Estados Unidos.

Como Graig Grossi no podía abandonar su labor, tiempo después fue enviado a una misión. Desafortunadamente fue afectado por el impacto de un cohete que  lo dejó con una afectación en su cabeza.

Al recuperarse,  el ansioso soldado fue a buscar a su amigo, pero se preocupó al ver que no le daban razón en la empresa donde había sido embarcado. Miró alrededor y no lo vio, hasta que centró su atención en unos trabajadores que estaban jugando futbol. Y allá estaba Fred, en medio de todos corriendo con su alegría e inocencia.

Graig inició todos los trámites para poder transportarlo hacia América, para ello contactó un veterinario cercano y logró poner todo en regla. Pero algo faltaba para su embarque: un guacal ¿dónde conseguiría un guacal en ese país?.

Un día, en una cafetería de la base, un soldado se acercó a Grossi afirmando que conocía la historia de Fred y que estaba dispuesto a ayudar. Él trabajaba en la división que transportaba los perros del ejército y le ofreció uno a Fred.

Días después el animal llegó a Nueva York, donde la familia de Graig Grossi estaba esperando por él, quien llegó entre papeles y otras cosas extrañan que los militares envían a sus casas.

Tres meses después el soldado arribó a su país, permitiéndose compartir hasta el día de hoy, un gran número de aventuras que va publicando en las cuentas personales de Fred en Facebook e Instagram. Allí se puede encontrar como Fred The Afghan.

Ahora se espera la publicación de un libro donde Graig Grossi describe la historia del rescate de Fred, a ver la acogida que ha tenido el relato a lo largo de los años.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.